Cuba Democracia y Vida
Evidencias Aportadas por el Che Guevara al
Genocidio de los Castro. Por el Profesor Luis Alberto
Pita Santos y por Armando Lago, Ph.D. en su libro titulado "Cuba: El costo humano de la revolución social".
Dedicado a rescatar la narración de hechos de la historia reciente de la lucha armada en Venezuela, que se pretende dejar en el olvido.
lunes, 20 de julio de 2015
Asesinados por Che Guevara: Listado de las víctimas
Se desconoce el número exacto de víctimas del Ché en Cuba. Él mismo admitió haber ordenado muchas ejecuciones. Las muertes en combate que causó con sus operaciones guerrilleras aún no han sido contadas.
http://www.cubademocraciayvida.org/web/print.asp?artID=17221
CABO SEGUNDO ANDRES DE JESUS GARCES
La excelente y espectacularmente lograda fotografía por HÉCTOR RONDÓN, muestra los últimos instantes del CABO ANDRÉS DE JESÚS GARCÉS, socorrido por el sacerdote y Capellán Naval, MONSEÑOR LUIS MARÍA PADILLA, a quien alcanzó a decirle "ayúdeme padrecito", es una representación gráfica del cumplimiento del deber de dos personajes, un soldado defendiendo la democracia y un religioso en su gran misión espiritual. Este evento ocurrió durante los sucesos de EL PORTEÑAZO, en Junio de 1962.
El CABO SEGUNDO ANDRÉS DE JESÚS GARCÉS, era plaza del BATALLON DE INFANTERIA PIAR Nro 20, (años después Nro 31 y 131), específicamente de la Primera Compañía de Fusileros, luego de su muerte este soldado y otros más, estuvieron sepultados en un cementerio que había en el propio Campo de Carabobo y fue desenterrado en Enero de 1971, a consecuencia de que se estaban haciendo los trabajos del Sesquicentenario de la Batalla de Carabobo para remodelar el Campo y convertirlo en lo que es hoy.
Su féretro y el de otros dos soldados, también fallecidos en Puerto Cabello, fue llevado hasta el FUERTE TEREPAIMA, donde se llevó a cabo una ceremonia religiosa, presidida por el Padre Roa, Capellan del Batallon, para ser entregados con los restos a sus familiares, quienes los trasladaron hasta Falcón, donde le dieron sepultura definitiva.
El Sub-teniente Roberto Isaac Cura Maiorana, también plaza del Batallón Piar, fue uno de los Oficiales heridos en esos enfrentamientos, formaba parte como Comandante de Pelotón, de la Compañía del Batallón que fue enviada a combatir en Puerto Cabello.
La fotografía dio la vuelta al mundo y ganó el Premio Pulitzer para Héctor Rondón y el Patio de Armas del Fuerte Terepaima en Barquisimeto y sede del Batallón de Infantería Piar Nro 31, fue bautizado con el nombre del CABO SEGUNDO ANDRÉS DE JESÚS GARCÉS, en su memoria y como recuerdo que fue un héroe que ofrendó su vida en defensa de la democracia de su país.
ambién es menester recordar que el SUB- TENIENTE LUIS ANTONIO RIVERO SANOJA, (Prom Pedro León Torres. 1960), murió en esa refriega, era el Comandante del Pelotón del BATALLÓN CARABOBO 41, que fue aniquilado en el sitio conocido como LA ALCANTARILLA, de Puerto Cabello.
En FUERTE MURACHÍ , Vega de Aza, Estado Táchira, en la entrada inmediatamente después de la prevención, hay o había una placa recordatoria en honor a estos héroes, quienes entregaron su vida en defensa de la democracia. Recordemos que el alzamiento del PORTEÑAZO, fue gestado y realizado por la izquierda venezolana en complicidad con Oficiales de la Armada de esos años y muchos de sus participantes se fueron a los frentes guerrilleros a integrarse a la lucha armada, que no tuvo éxito motivado a la férrea voluntad de la Fuerzas Armadas que con su tezón y disciplina lograron derrotarlos en el campo militar.
Eso es historia, no es mentira.

martes, 30 de junio de 2015
Machurucuto: la puerta a la tragedia
Así un observador del amargo y desventurado país que hoy somos no lo crea, Venezuela fue un día feliz, sus habitantes eran orgullosos, sus políticos llamaban la atención por corajudos y sus militares eran honestos, valientes y patriotas.
http://www.el-nacional.com/antonio_sanchez_garcia/Machurucuto-puerta-tragedia_0_623937696.html
http://www.el-nacional.com/antonio_sanchez_garcia/Machurucuto-puerta-tragedia_0_623937696.html
TRAIDORES DE PRINCIPIOS
Invasores guerrilleros en Venezuela provenientes de Cuba con apoyo domestico, Traidores a la Patria, antes y ahora. Recientemente en Panamá el representante del régimen cubano manifestó que Machurucuto no existió; y sabrá Dios cuantos otros Machurucutos existieron en el mundo, y con sus caras limpias, 50 años mas tarde, continúan engañando y mintiendo, pero además, por si fuera poco, muchos otros en el mundo creyéndoles.
Conocer la Historia nos ayudara a tomar conciencia y definir el rumbo por el beneficio del todos los que habitamos esta tierra.
http://lavenezuelainmortal.com.ve/fotos-el-incidente-de- los-guerrilleros-cubanos-en- machurucuto-en-1967
viernes, 5 de julio de 2013
EL COCAL DE LOS MUERTOS
¿Quién iba a creer que la invasión, frustrada por la acción de nuestras fuerzas armadas y la decisión y el coraje de nuestra clase política, tendría éxito cuarenta años después, sin disparar un solo tiro y sin poner un solo hombre en las playas venezolanas? Quiso el destino que esta apetecida Nación enfermara de estupidez y pusiera al frente del gobierno a un militar inescrupuloso y felón, que no sólo le entregaría la república al tirano de La Habana, sino que lo financiaría para conseguirlo. Si no lo cree, entérese por los medios. El mismo fracasado comandante Soto Rojas es el actual presidente de la Asamblea.”
1
El sueño eterno de Fidel Castro desde su asalto al Poder fue apoderarse del petróleo venezolano. Luego de la rotunda negativa del recién electo Rómulo Betancourt a regalarle una sola gota, como se lo señalara en una extenuante reunión celebrada en Caracas en enero de 1959, en que quedara en claro que una enemistad irreconciliable los separaría de por vida, los dados estaban echados. Tarde o temprano, la mano del comandante Castro se extendería hasta Venezuela, incidiría sobre sus desarrollo político y de una u otra forma, con la ayuda de las armas o del destino, terminaría por extender su revolución sobre la principal reserva estratégica de Occidente.
Desde entonces, hace cincuenta y dos años, no cesó en su tarea de zapa de la institucionalidad de la recién estrenada democracia venezolana, que se erguía como la única alternativa real al foquismo castrista para un continente desorientado que perdería en sus empeños y embates castristas de este último medio siglo a varias generaciones de argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos, colombianos, guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños. Miles de jóvenes latinoamericanos ofrendados en la locura teledirigida desde La Habana y la mano extendida de la Unión Soviética y China.
Inmediatamente después de regresar a La Habana con la cola entre las piernas, comenzaron sus esfuerzos por entroncarse con la izquierda venezolana, la del Partido Comunista de Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, siempre fiel a los lineamientos dictados por la Unión Soviética, y la que poco después, el 9 de abril de 1960, se desgajaba de AD y conformaba el MIR, con Américo Martín, Moisés Moleiro, Simón Sáez Mérida, Héctor Pérez Marcano. A la vera de esas dos principales ramas del comunismo venezolano, sobrevivieron los remanentes de un extremismo militarista vinculado a las fuerzas armadas desde la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, en torno a la figura de Douglas Bravo. La clase política venezolana, a poco andar su vigoroso esfuerzo democrático, de gran y ejemplarizante incidencia en los destinos de América Latina, se partía en dos bloques: el inmensamente mayoritario de los grandes partidos históricos – AD y COPEI, fundamentalmente – fiel al proyecto de fundar la república liberal democrática sobre las bases establecidas por sus líderes históricos – principalmente por Rómulo Betancourt – y una minoría de extrema izquierda, vanguardista y decisionista al extremo, que insistió en boicotear y destruir ese esfuerzo tras la ilusión de reproducir en nuestro país los fastos de la revolución cubana. Consciente de que jamás alcanzaría el poder por la vía electoral y sin contar con un algún factor histórico imponderable: la crisis económica, social y política del país y/o la emergencia de algún Mesías uniformado.
2
Contando con el apoyo de importantes sectores de las fuerzas armadas, esas fuerzas de extrema izquierda protagonizaron los cruentos cuartelazos de Carúpano (2 de Mayo de 1962) y Puerto Cabello(2 de junio de 1962), saldados con centenas de muertos y graves pérdidas materiales. Y fieles al propósito de boicotear la consolidación del sistema democrático, buscaron impedir la realización de las elecciones presidenciales de 1963 mediante la violencia. Castro, atento al proyecto, envió una tonelada de armas, perdidas en las costas de Falcón. Después de ser derrotado el abstencionismo con una participación electoral de más del 90% tuvo perfectamente claro que la consolidación de la democracia venezolana pondría un dique a su expansionismo imperial y lo obligaría a mantener su revolución en los confines de su aislamiento geográfico. Fue cuando decidió apostar todas sus cartas al derrocamiento del régimen democrático, el desarrollo de la lucha armada según los parámetros de la guerra de guerrillas librada en Cuba contra Fulgencio Batista y el asalto al Poder para instaurar una dictadura comunista en Venezuela.
He insistido en señalar que la aventura desesperada del Ché Guevara en Bolivia, que corre en paralelo a las invasiones del castrismo en Venezuela, fue más una escaramuza distractiva que un movimiento estratégico por sentar una cabecera de playa en el continente e iniciar la conquista de la región. A este último y ambicioso proyecto de expansionismo continental subordinó Fidel Castro todas las acciones que emprendió conjuntamente con la izquierda extrema venezolana. La joya de la corona no era un país pobre y desarticulado, perdido en las selvas y planicies del corazón del continente, con una extensa población indígena afincada en el más remoto pasado, sino un país joven en plena efervescencia política, recién liberado de una dictadura como la de Batista mediante un movimiento insurreccional, con hondos sentimientos libertarios e igualitarios, con un corazón definitivamente situado a la izquierda de las querencias políticas, con amplias y cercanas costas como para montar una invasión armada en toda regla, dominando el frente norte del continente y vinculado por ríos y llanos con Colombia, en donde ya florecía la guerrilla de Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo. ¿Por qué no apostar a una gran Colombia marxista leninista y hacerla extenderse montada sobre una oleada de petróleo por la América del Sur?
La extrema izquierda venezolana no esperó el impulso de Fidel Castro para irse al monte y montar sus frentes guerrilleros en los estados Falcón, Miranda, Anzoátegui, Monagas, Sucre y Lara. Y compitiendo por conquistar el apoyo estratégico y logístico así como el necesario financiamiento de la Secretaría América del Estado cubano – encargada de coordinar las acciones político militares en el continente – transmitieron a la jefatura castrista las leyendas de su exponencial crecimiento, su cercanía inmediata a los centros urbanos y la inevitabilidad de una próxima conquista del Poder. Fue entonces que Castro, definitivamente orientado hacia la expansión mundial de su proyecto político celebra la famosa Conferencia Tricontinental, en enero de 1966, propone y acuerda con la dirigencia del MIR y de las fuerzas de Douglas Bravo – ya el PCV se había separado definitivamente de la vía insurreccional – dar su pleno respaldo a una invasión con fuerzas combinadas cubano venezolanas a territorio venezolano.
3
Dicha invasión tuvo lugar en dos fases. La primera, en junio de 1966, y luego de meses de preparativos bajo las directas instrucciones del propio Fidel Castro, comportó la presencia de 15 combatientes de élite del ejército cubano comandados por el entonces capitán Arnaldo Ochoa Sánchez, convertido posteriormente en héroe del ejército cubano tras sus éxitos en África y fusilado veintidós años después por Fidel Castro, cuando de vuelta de sus campañas africanas apuntara como el prospecto de la Perestroika para suceder a Castro en el Poder e iniciar un proceso de transformaciones. Contando con un único participante venezolano: Luben Petkoff. Desembarcaron en Chichiriviche en junio de 1966 para incorporarse al frente comandado por Douglas Bravo. La segunda tuvo lugar en mayo de 1967, conformada por cuatro milicianos venezolanos – Héctor Pérez Marcano, Moisés Moleiro, Américo Silva y Eduardo Ortiz Bucaram – y cuatro altos oficiales cubanos: Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomassevich – ambos miembros del Estado Mayor y altos funcionarios del régimen – Silvio García Planas y el doctor Harley Borges. Desembarcaron en el Cocal de los Muertos, algunas millas al oriente de Machurucuto, para incorporarse al frente de El Bachiller, comandado por el mirista Fernando Soto Rojas, alias comandante Ramiro.
4
El resto es la historia de un patético, lamentable y estruendoso fracaso. Cuatro de los soldados cubanos que sirvieron al desembarco en el Cocal de los Muertos fueron arrastrados por el oleaje hasta Machurucuto, donde uno desapareció y tres fueron capturados. Uno de ellos, Tony Briones Montoto, fue fusilado en el sitio para verse redimido cuarenta años después por un busto conmemorativo – Dios sepa por qué acción heroica – alzado bajo la mirada y el auspicio del ex capitán de aviación William Izarra, padre del tristemente célebre periodista Andrés Izarra. Otro se suicidó en las mazmorras de la Digepol. Mucho antes de esa fatídica madrugada del 8 de mayo y sin que los invasores tuvieran la menor noticia Soto Rojas había huido de El Bachiller con los pocos hombres que sobrevivieran a la cacería de los zapadores venezolanos, para ir a refugiarse en el Parque Nacional Guatopo. Sin otra intención que reponer sus fatigas, sus derrotas y sus graves enfermedades. De sus centenas de guerrilleros habían sobrevivido en pésimas condiciones 21 combatientes, desesperados y confundidos, decididos a volver cuanto antes a Caracas para reponerse de la malaria, la disentería, la desnutrición, la leihmaniasis y las heridas. Allí, en Guatopo, se encontraron con los ocho invasores, que los alcanzaran tras una penosa y desesperada travesía de más de dos meses de hambre, desesperación y locura.
Obligados a dejar el lugar, partir hacia otros frentes los venezolanos y volverse a La Habana los moribundos comandantes cubanos, montaron una única y muy frustrante emboscada asesinando a unos desprevenidos soldados venezolanos que se desplazaban por la carretera cercana en un jeep del ejército. Ese fue el heroico acto de quien había dirigido el asesinato masivo de los guerrilleros anti castristas en El Escambray, Raúl Menéndez Tomassevich, ya fallecido, y de quien fuera ministro de azúcar y hoy uno de los más fieles hombres de Raúl Castro, Ulises Rosales del Toro. Éste último juez instructor de la causa que condenara a muerte al comandante Arnaldo Ochoa Sánchez y al coronel Tony de la Guardia.
Aunque Usted no lo crea, fueron compañeros de esta sórdida y desmarañada aventura venezolana. En el mismo lapso transcurrido hasta el regreso de los patéticos invasores del Cocal de los Muertos, Ochoa Sánchez y sus quince compañeros habían recibo la orden perentoria de Fidel Castro de volverse a La Habana. La operación se saldaba con un brutal fracaso. Una derrota en toda la línea.
¿Quién iba a creer que la invasión, frustrada por la acción de nuestras fuerzas armadas y la decisión y el coraje de nuestra clase política, tendría éxito cuarenta años después, sin disparar un solo tiro y sin poner un solo hombre en las playas venezolanas? Quiso el destino que esta apetecida Nación enfermara de estupidez y pusiera al frente del gobierno a un militar inescrupuloso y felón, que no sólo le entregaría la república al tirano de La Habana, sino que lo financiaría para conseguirlo. Si no lo cree, entérese por los medios. Ese mismo fracasado comandante Soto Rojas, absolutamente desaparecido de la escena política durante cuarenta años, es el actual presidente de la Asamblea. Es uno de los resucitados del Cocal de los Muertos.
[1] Véase LA INVASIÓN DE CUBA A VENEZUELA, Antonio Sánchez García y Héctor Pérez Marcano, Los libros de El Nacional, Caracas, 2007
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El sueño eterno de Fidel Castro desde su asalto al Poder fue apoderarse del petróleo venezolano. Luego de la rotunda negativa del recién electo Rómulo Betancourt a regalarle una sola gota, como se lo señalara en una extenuante reunión celebrada en Caracas en enero de 1959, en que quedara en claro que una enemistad irreconciliable los separaría de por vida, los dados estaban echados. Tarde o temprano, la mano del comandante Castro se extendería hasta Venezuela, incidiría sobre sus desarrollo político y de una u otra forma, con la ayuda de las armas o del destino, terminaría por extender su revolución sobre la principal reserva estratégica de Occidente.
Desde entonces, hace cincuenta y dos años, no cesó en su tarea de zapa de la institucionalidad de la recién estrenada democracia venezolana, que se erguía como la única alternativa real al foquismo castrista para un continente desorientado que perdería en sus empeños y embates castristas de este último medio siglo a varias generaciones de argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos, colombianos, guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños. Miles de jóvenes latinoamericanos ofrendados en la locura teledirigida desde La Habana y la mano extendida de la Unión Soviética y China.
Inmediatamente después de regresar a La Habana con la cola entre las piernas, comenzaron sus esfuerzos por entroncarse con la izquierda venezolana, la del Partido Comunista de Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, siempre fiel a los lineamientos dictados por la Unión Soviética, y la que poco después, el 9 de abril de 1960, se desgajaba de AD y conformaba el MIR, con Américo Martín, Moisés Moleiro, Simón Sáez Mérida, Héctor Pérez Marcano. A la vera de esas dos principales ramas del comunismo venezolano, sobrevivieron los remanentes de un extremismo militarista vinculado a las fuerzas armadas desde la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, en torno a la figura de Douglas Bravo. La clase política venezolana, a poco andar su vigoroso esfuerzo democrático, de gran y ejemplarizante incidencia en los destinos de América Latina, se partía en dos bloques: el inmensamente mayoritario de los grandes partidos históricos – AD y COPEI, fundamentalmente – fiel al proyecto de fundar la república liberal democrática sobre las bases establecidas por sus líderes históricos – principalmente por Rómulo Betancourt – y una minoría de extrema izquierda, vanguardista y decisionista al extremo, que insistió en boicotear y destruir ese esfuerzo tras la ilusión de reproducir en nuestro país los fastos de la revolución cubana. Consciente de que jamás alcanzaría el poder por la vía electoral y sin contar con un algún factor histórico imponderable: la crisis económica, social y política del país y/o la emergencia de algún Mesías uniformado.
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Contando con el apoyo de importantes sectores de las fuerzas armadas, esas fuerzas de extrema izquierda protagonizaron los cruentos cuartelazos de Carúpano (2 de Mayo de 1962) y Puerto Cabello(2 de junio de 1962), saldados con centenas de muertos y graves pérdidas materiales. Y fieles al propósito de boicotear la consolidación del sistema democrático, buscaron impedir la realización de las elecciones presidenciales de 1963 mediante la violencia. Castro, atento al proyecto, envió una tonelada de armas, perdidas en las costas de Falcón. Después de ser derrotado el abstencionismo con una participación electoral de más del 90% tuvo perfectamente claro que la consolidación de la democracia venezolana pondría un dique a su expansionismo imperial y lo obligaría a mantener su revolución en los confines de su aislamiento geográfico. Fue cuando decidió apostar todas sus cartas al derrocamiento del régimen democrático, el desarrollo de la lucha armada según los parámetros de la guerra de guerrillas librada en Cuba contra Fulgencio Batista y el asalto al Poder para instaurar una dictadura comunista en Venezuela.
He insistido en señalar que la aventura desesperada del Ché Guevara en Bolivia, que corre en paralelo a las invasiones del castrismo en Venezuela, fue más una escaramuza distractiva que un movimiento estratégico por sentar una cabecera de playa en el continente e iniciar la conquista de la región. A este último y ambicioso proyecto de expansionismo continental subordinó Fidel Castro todas las acciones que emprendió conjuntamente con la izquierda extrema venezolana. La joya de la corona no era un país pobre y desarticulado, perdido en las selvas y planicies del corazón del continente, con una extensa población indígena afincada en el más remoto pasado, sino un país joven en plena efervescencia política, recién liberado de una dictadura como la de Batista mediante un movimiento insurreccional, con hondos sentimientos libertarios e igualitarios, con un corazón definitivamente situado a la izquierda de las querencias políticas, con amplias y cercanas costas como para montar una invasión armada en toda regla, dominando el frente norte del continente y vinculado por ríos y llanos con Colombia, en donde ya florecía la guerrilla de Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo. ¿Por qué no apostar a una gran Colombia marxista leninista y hacerla extenderse montada sobre una oleada de petróleo por la América del Sur?
La extrema izquierda venezolana no esperó el impulso de Fidel Castro para irse al monte y montar sus frentes guerrilleros en los estados Falcón, Miranda, Anzoátegui, Monagas, Sucre y Lara. Y compitiendo por conquistar el apoyo estratégico y logístico así como el necesario financiamiento de la Secretaría América del Estado cubano – encargada de coordinar las acciones político militares en el continente – transmitieron a la jefatura castrista las leyendas de su exponencial crecimiento, su cercanía inmediata a los centros urbanos y la inevitabilidad de una próxima conquista del Poder. Fue entonces que Castro, definitivamente orientado hacia la expansión mundial de su proyecto político celebra la famosa Conferencia Tricontinental, en enero de 1966, propone y acuerda con la dirigencia del MIR y de las fuerzas de Douglas Bravo – ya el PCV se había separado definitivamente de la vía insurreccional – dar su pleno respaldo a una invasión con fuerzas combinadas cubano venezolanas a territorio venezolano.
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Dicha invasión tuvo lugar en dos fases. La primera, en junio de 1966, y luego de meses de preparativos bajo las directas instrucciones del propio Fidel Castro, comportó la presencia de 15 combatientes de élite del ejército cubano comandados por el entonces capitán Arnaldo Ochoa Sánchez, convertido posteriormente en héroe del ejército cubano tras sus éxitos en África y fusilado veintidós años después por Fidel Castro, cuando de vuelta de sus campañas africanas apuntara como el prospecto de la Perestroika para suceder a Castro en el Poder e iniciar un proceso de transformaciones. Contando con un único participante venezolano: Luben Petkoff. Desembarcaron en Chichiriviche en junio de 1966 para incorporarse al frente comandado por Douglas Bravo. La segunda tuvo lugar en mayo de 1967, conformada por cuatro milicianos venezolanos – Héctor Pérez Marcano, Moisés Moleiro, Américo Silva y Eduardo Ortiz Bucaram – y cuatro altos oficiales cubanos: Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomassevich – ambos miembros del Estado Mayor y altos funcionarios del régimen – Silvio García Planas y el doctor Harley Borges. Desembarcaron en el Cocal de los Muertos, algunas millas al oriente de Machurucuto, para incorporarse al frente de El Bachiller, comandado por el mirista Fernando Soto Rojas, alias comandante Ramiro.
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El resto es la historia de un patético, lamentable y estruendoso fracaso. Cuatro de los soldados cubanos que sirvieron al desembarco en el Cocal de los Muertos fueron arrastrados por el oleaje hasta Machurucuto, donde uno desapareció y tres fueron capturados. Uno de ellos, Tony Briones Montoto, fue fusilado en el sitio para verse redimido cuarenta años después por un busto conmemorativo – Dios sepa por qué acción heroica – alzado bajo la mirada y el auspicio del ex capitán de aviación William Izarra, padre del tristemente célebre periodista Andrés Izarra. Otro se suicidó en las mazmorras de la Digepol. Mucho antes de esa fatídica madrugada del 8 de mayo y sin que los invasores tuvieran la menor noticia Soto Rojas había huido de El Bachiller con los pocos hombres que sobrevivieran a la cacería de los zapadores venezolanos, para ir a refugiarse en el Parque Nacional Guatopo. Sin otra intención que reponer sus fatigas, sus derrotas y sus graves enfermedades. De sus centenas de guerrilleros habían sobrevivido en pésimas condiciones 21 combatientes, desesperados y confundidos, decididos a volver cuanto antes a Caracas para reponerse de la malaria, la disentería, la desnutrición, la leihmaniasis y las heridas. Allí, en Guatopo, se encontraron con los ocho invasores, que los alcanzaran tras una penosa y desesperada travesía de más de dos meses de hambre, desesperación y locura.
Obligados a dejar el lugar, partir hacia otros frentes los venezolanos y volverse a La Habana los moribundos comandantes cubanos, montaron una única y muy frustrante emboscada asesinando a unos desprevenidos soldados venezolanos que se desplazaban por la carretera cercana en un jeep del ejército. Ese fue el heroico acto de quien había dirigido el asesinato masivo de los guerrilleros anti castristas en El Escambray, Raúl Menéndez Tomassevich, ya fallecido, y de quien fuera ministro de azúcar y hoy uno de los más fieles hombres de Raúl Castro, Ulises Rosales del Toro. Éste último juez instructor de la causa que condenara a muerte al comandante Arnaldo Ochoa Sánchez y al coronel Tony de la Guardia.
Aunque Usted no lo crea, fueron compañeros de esta sórdida y desmarañada aventura venezolana. En el mismo lapso transcurrido hasta el regreso de los patéticos invasores del Cocal de los Muertos, Ochoa Sánchez y sus quince compañeros habían recibo la orden perentoria de Fidel Castro de volverse a La Habana. La operación se saldaba con un brutal fracaso. Una derrota en toda la línea.
¿Quién iba a creer que la invasión, frustrada por la acción de nuestras fuerzas armadas y la decisión y el coraje de nuestra clase política, tendría éxito cuarenta años después, sin disparar un solo tiro y sin poner un solo hombre en las playas venezolanas? Quiso el destino que esta apetecida Nación enfermara de estupidez y pusiera al frente del gobierno a un militar inescrupuloso y felón, que no sólo le entregaría la república al tirano de La Habana, sino que lo financiaría para conseguirlo. Si no lo cree, entérese por los medios. Ese mismo fracasado comandante Soto Rojas, absolutamente desaparecido de la escena política durante cuarenta años, es el actual presidente de la Asamblea. Es uno de los resucitados del Cocal de los Muertos.
[1] Véase LA INVASIÓN DE CUBA A VENEZUELA, Antonio Sánchez García y Héctor Pérez Marcano, Los libros de El Nacional, Caracas, 2007
EL MILITAR CHAVISTA
El Militar Chavista
Cátedra Simón Bolívar entro de Estudios de Política Proyectiva
Caracas, 18 de junio de 2013 2
Dr. José Machillanda
Director de CEPPRO
La Cúpula Militar Sometida
La cúpula militar sometida, esa que a partir del año 2002 y actualmente forma parte activa del gobierno de la autocracia militarista en Venezuela (Machillanda, 2011), y que ha permanecido en los más importantes espacios de lo que se conoce como cúpula militar, exponencia sus intervenciones como sujeto político activo violentando la Constitución, el Código de Justicia Militar, el Reglamento de Castigos Disciplinarios N°6, los principios doctrinarios de la organización militar como institución cautiva, pero más grave que eso, deja en claro que le importa un bledo la ética militar, es lo que se define como Militar Chavista.
Se entiende por Militar Chavista al conjunto de Oficiales y SOPC que devenidos de la conspiración militar del 4-F, especialmente de la Academia Militar, han aceptado un adoctrinamiento para que actuando como actores políticos impongan una revolución como modo político sustentado en el conflicto, como evidencia el Tcnel. (AV) Wilmar Castro Soteldo y el Cap (EN) Jesse Chacón, pudieran incluirse algunos otros Oficiales del alzamiento militar del 27-N.
Ese conjunto de conspiradores ha entendido como su responsabilidad ser los directores de un cuerpo armado, como instrumento para formar parte del PSUV, apoyar al gobierno socialista, dirigir organizaciones políticas burocráticas, difundir el modelo fidelocomunista, aceptar el mandato y la verticalidad política impuesta por el Tcnel. Chávez, conducir organizaciones militares en operaciones y apoyo al gobierno, estar a las órdenes del gobierno, emplear la organización armada al servicio del poder político y emplear el componente armado a la orden del poder político.
El Militar Chavista ha logrado generar un cúpula militar, hombre y mujeres con uniforme de Generales y Almirantes, que les importa nada su clasificación como profesionales, mucho menos como jefes militares y sólo son instrumentos perversos de una organización armada desprofesionalizada en casi su totalidad, que se ha adherido al PSUV 3
(10-E) y es instrumentada como gobierno para formar casi lo que se conoce como Estado-Guarnición (Harries, Moskos, Jenkins).
Los hombres de uniforme que en forma sosa y primitiva se exhiben en las mass media communication, son trepadores, de baja ralea, le dan la espalda a la rigurosidad de los hombres de armas y se han convertido en instrumentos de la adulancia, insolentes y mal hablados, pero además ignaros que han tenido la osadía de llamar a las Fuerzas Armadas profesionales como Fuerzas Armadas Esbirras, olvidando por torpeza e ignorancia que esas Fuerzas Armadas de las cuales mal se expresan derrotaron la pretensión del castrocomunismo (Luigi Valsalice) en establecer unas guerrillas comunistas en el país, además de responder en una operación conjunta casi perfecta, para detener la pretensión dolosa de Colombia dirigida por el Cnel. Londoño con la corbeta Caldas en 1987.
Los miembros de esa cúpula militar poco saben de la historia de la Venezuela moderna, desconocen el origen y evolución del profesionalismo militar venezolano y carecen del menor contenido de ciencias que le son obligatorias, como la Polemología y la Sociología Militar, para terminar siendo elementos instrumentales del chavismo hasta el 5 de marzo, cuando se dice que murió, y ahora de una cosa vergonzosa que no tiene nombre, pero puede ser algo así como Cabellismo-Madurismo, porque aparentemente son obsecuentes al Tte. Cabello y al usurpador del poder político Nicolás Maduro. Evidentemente, que estos hombres que comenzaron su proceso de formación hace 30 años, en la década de los 80’s, olvidaron lo que aprendieron en sus Academias y con una enorme facilidad se han puesto al servicio de un proyecto anacrónico, primitivo y fracasado, que en América Latina se conoce como el fidelocomunisto. Todos ellos forman lo que se llama el Militar Chavista.
El Militar Chavista
El Militar en Venezuela inicialmente fue caudillo (Guillermo Morón), golpista (Ramón J. Velásquez), después por un largo período profesional (Germán Carrera) y, a partir de la situación política de 1998, el legado del Presidente Chávez lo que deja para 2013 no es un elemento militar diferente, es un Militar Chavista (Machillanda). Es decir, hombres primitivos con armas que aceptan el golpe de Estado para intervenir como gobierno en el país, hombres 4
de uniforme que sirven para funciones de gobierno no siendo nunca preparados para tal fin, y hombres militares de gobierno que por un sentimiento de resentimiento social, se creen con mayor capacidad que el civil para ejercer el gobierno, por cuanto entienden la sociedad civil como una cuartelada y donde pueden imponer su criterio a troche y moche, en un ejercicio vertical de cuánto y cuando se le ocurra.
Ese Militar Chavista puede ser delator, comisario político o caporal. No le importa el patrón de carrera. Está de espaldas a la Polemología y la Sociología Militar. Desconoce la Geopolítica, la Geoestrategia y la Geoeconomía, pero además confunde la Gran Estrategia con la Estrategia Dura. Siendo así, poco le importa la condición operacional y situación de apresto de las tropas, mucho menos la logística, pero sí pareciera que le importa muchísimo exhibirse, pavonearse, hacer operativos, intervenir la sociedad civil y cumplir funciones policiales. En una palabra, son la negación de lo que es un militar en el siglo XXI y lo que tendría que ser un militar en Venezuela, habida cuenta la latitud y longitud de la República, los conflictos carolingios o conflictos no resueltos (Kaldone Nweihed) que afectan la República, la presencia de las nuevas amenazas en América Latina (Castells, López y Sain), la presencia y actuación del crimen organizado, además del impacto de la droga en territorio nacional (SBA #24, Marzo-Abril 2012).
El Militar Chavista se le olvidó que un Militar es caballero, caballeroso, con espíritu de cuerpo, preocupado por el subalterno y, más temprano que tarde, regresará a la sociedad civil de la cual deviene y allí deberá rendir cuentas a una sociedad que ha venido pagando a un institución costosa, peligrosa y delicada para que se ocupe de la defensa, nunca para que se ocupe como policía o forme parte de un gobierno, por cuanto la función de un Militar se corresponde con el Estado (Jellinek) y nunca con el gobierno (Tomassini). El Militar Chavista que tendrá que regresar a la sociedad civil, ya ha logrado indisponer al tejido social venezolano a tal extremo, que es un secreto a voces los serios y múltiples grupos de opinión que construyen la idea de que Venezuela no requiera unas Fuerzas Armadas, por cuanto el Militar Chavista se puso de espaldas a su condición de estamento militar para convertirse en una elemento pretoriano inmoral, que se alejo de la defensa para ser policía en respaldo a un proyecto político comunista. 5
El Gobierno Estado-Guarnición
Los Militares Chavistas al posponer su delicada y compleja responsabilidad de la defensa, han derivado hacia el principio administrativo e invadido de manera insolente las funciones de gobierno, lo que conduce a que el país atónito y sin explicación observe militares Gobernadores, Embajadores, Ministros, Comisionados, Administradores, en la administración pública y allí actúen de manera impúdica, e manera primitiva, absurda, para imponer su modelo militarista en una organización que nada tiene que ver con el y lo militar, de acuerdo a la Sociología Militar, Ciencia vigente que se ocupa de esta organización y funciones dentro del Estado (Janowitz, Huntington, Moskos).
Los uniformados Militares Chavistas, tal cual trepadores, ejercen funciones en el gobierno central, en los Ministerios, en la Asamblea Nacional, en todas partes. Su presencia y acción es tal que se asume que el gobierno está militarizado, es decir, que se vive un nuevo tipo de gobierno que se describe como un Estado Guarnición. (Harries, Moskos, Jenkins).
El Militar Chavista es gobernante (Sandoval Rodríguez), algo así como gobernante militar y se hacen las cosas hoy en el gobierno venezolano de manera militarizada. El militar es absorbido por la administración pública, pierde sus características que le son propias, relaja su modo y manera de actuar y se encuentra en una situación tan complicada como la que muestra el Ministro Molero, quien se atreve a decir en un programa de televisión que él es chavista, con lo cual deniega su condición de Almirante en Jefe. ¿Cuánta confusión generan al país?, ¿Cuál grave es el descarrilamiento de la institución?, ¿Cuán profundo es el impacto de esta conducta sobre los hombres aún profesionales a lo interno de la organización?. Todo esto habla de la ingobernabilidad militar (Machillanda) que genera el Militar Chavista a lo interno de la organización, y los graves impactos en el entorno interno militar por haberse apartado del planteamiento doctrinario y de la ecuación del profesionalismo militar.
El Militar Chavista, como lo expresa el Ministro Molero, el Comandante del CEO Barrientos, el Ministro Torres, constituyen junto con todo el numeroso grupo de Generales y Almirantes de la cúpula militar el más doloroso ejemplo de la desestructuración que el Militar Chavista produce a lo interno de la organización en su estructura, conformación y doctrina, en 6
desmedro de la función de defensa que supuestamente le corresponde a los hombres de uniforme para dar defensa a la población, al territorio y al gobierno legítimo surgido de elecciones justas como un mecanismo social para sumar preferencias (Dowse y Hughes).
El Militar Policía
El Militar Chavista es la expresión más vergonzosa del hombre en armas cuando acomete la función policial, para la cual nunca fue preparado. Es quizás la expresión más clara de la deformación que como herencia dejó Chávez, del modelo militar reduccionista (Machillanda), ya que este hombre de uniforme es instrumento del gobierno y nunca del Estado-Nación.
El Militar Chavista en su función policial niega la filosofía de la guerra, supone una defensa popular, no le importa el concepto estratégico del Estado y no responde a la composición operacional de un elemento en armas. El Militar Chavista como policía acepta el control pleno del gobernante y el modelo de relación es totalmente subjetivo, es decir, se pierde la pauta de relación entre el poder político y el estamento militar. La relación, la mayoría de las veces, se asemeja a la sumisión, los canales de comunicación son inexistentes, no hay especialización y el elemento armado termina siendo parte de la función de gobierno, corriendo el grave riesgo –como está sucediendo en Venezuela- de que se identifiquen los fracasos y tropiezos del gobierno con el hombre de uniforme.
El Militar Chavista como policía representa en la persona del Ministro de la Defensa el modelo reduccionista. Eso significa que partir de este momento histórico, los venezolanos observarán conductas y expresiones similares o parecidas al del Alt. Molero en números miembros de la cúpula militar, mientras que el nuevo poder político define la reconceptualización del estamento militar (Machillanda), y quede otra vez claro que los militares tienen que ser en el Estado una organización cautivas (Varas, Fuentes, Agüero), no están hechos para el gobierno, por cuanto no están capacitados. Más grave aún, porque es imposible pretender que el militar cumpla funciones de gobierno, que son privativas de los ciudadanos que han recibido legitimidad de origen y jurídica por poder que representa el pueblo. 7
El Militar del siglo XIX en el siglo XXI
El Militar Chavista representa exactamente la regresión, tanto cuantitativa como cualitativa de un hombre en armas. El Alt. Molero desconoce la maximización profesional del componente armado venezolano, y sus dos acciones que le colmaron de prestigio: la derrota de la guerrilla castrocumnista en 1973, y más tarde en 1987 la ejecución de una operación conjunta aéreo-naval y terrestre, para contener la pretensión por parte de Colombia en espacios marítimos que de manera intransigente Venezuela reconoce como propios.
La maximización profesional a partir de 1973 hasta 1985 constituye la expresión de unas Fuerzas Armadas profesionales y la declinación de ese elemento militar que partir de 1999 forma parte del momento político revolucionario, constituye la regresión al siglo XIX del elemento militar viviendo en el siglo XXI.
El Militar Chavista, en consecuencia, se pregunta sin respuesta qué hacer con el costado nor-sur-occidental, cómo actuar en el costado norte, qué acciones realizar en el costado este, cómo actuar frente a la economía paralela y qué respuesta construir frente al narcomilitarismo. Obviamente, que el Militar Chavista no tiene respuestas antes estas graves interrogantes porque constituye una de las herencias dolorosas y perversas, que hoy tiene la República en funciones de Estado-Guarnición, pero que resultan insoportables e inviables habida cuenta las complejas realidades que vive el mundo y que empiezan asomarse en América Latina.
Colombia como Estado soberano e independiente, que en los últimos 10 años ha realizado un esfuerzo extraordinario para que su componente armado opere con la ecuación ISR (Libinik), esbozando la posibilidad de formar parte de la OTAN, dejando claro su inmensa capacidad militar. Cierto que lucha una guerra endémica contra las FARC, pero en un movimiento estratégico inteligente plantea la posibilidad de la paz. El Militar Chavista tendrá, como mínimo, que angustiarle la pasmosa diferencia entre su regresión al siglo XIX y la posibilidad de que un Estado "amigo" puede ser parte de la OTAN. 8
El Militar Chavista, militar policía, militar burócrata, militar gobierno, es la expresión de la barbarie del político outsider Chávez, quien como conspirador se propuso y logró la desprofesionalización del estamento militar venezolano, desestructuró la pirámide organizacional y funcional cuando convirtió a los Sub-Oficiales Profesionales de Carrera (SOPC) en Coroneles de tablita, y hoy se otea un cuadro de incomprensiones e inoperatividad al no conseguirle a estos técnicos, que poco o nada saben de mando, y no tienen autócritas para comandar a mandar a Oficiales de comando, un espacio que no consigue por la desestructuración de la pirámide ocupacional y el predominio del Militar Chavista.
El siglo XIX y el Militar Chavista forman parte del imaginario político real de Chávez (Machillanda) y, en consecuencia, del destrozo de una institución que estuvo luchando por 100 años su proceso de profesionalización, y verifica que pasados 14 años ha sido descompuesta para que lejos de ser militar, termine siendo policía.
Es original,
Dr. José Machillanda
Director de CEPPRO
LA SEGUNDA INVASIÓN CUBANA A VENEZUELA
La segunda invasión cubana a Venezuela
Marcos Alves
La primera invasión cubana a Venezuela ocurrió en los años 60, cuando las guerrillas castristas desembarcaban en alejadas playas y se internaban por las montañas, asaltando poblaciones, asesinando a miles de hombres, mujeres y niños. Castro había decidido derrocar al presidente Rómulo Betancourt, elegido democráticamente en 1958.
Las primeras armas soviéticas llegaron a Cuba en 1960 y Castro anunció en octubre de ese año que ya contaba con una milicia de 250.000 hombres, con equipo y armas del bloque comunista. Castro lanzó su invasión a Venezuela matando a policías, guardias nacionales, asaltando aviones comerciales, el barco Anzoátegui, robando bancos, quemando fábricas americanas, dinamitando oleoductos y plantas eléctricas. Mató a mujeres y niños en el tren El Encanto en septiembre de 1963.
A los cubanos se le unieron guerrilleros venezolanos (varios de los cuales están ahora en el gobierno de Chávez), pero fueron vistos como extranjeros y nunca lograron apoyo popular. La revolución cubana fue diseñada como producto de exportación y Cuba se convirtió en punta de lanza de la estrategia soviética de comunizar a América Latina.
En noviembre de 1963, el gobierno de Betancourt presentó a la OEA pruebas contra Castro y Cuba, al descubrir cuatro toneladas de armas extranjeras en la costa noroeste de Venezuela. La OEA procedió a investigar y en julio de 1964 declaró a Cuba "culpable de agresión e intervención en asuntos venezolanos". Cuba fue expulsada de la OEA (sigue fuera) y sus miembros, con la excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas y comerciales con Castro.
Como Castro seguía enviando guerrilleros a Venezuela, en 1967 el gobierno de Raúl Leoni acudió de nuevo a la OEA y los ministros del Exterior del organismo otra vez confirmaron las acusaciones venezolanas sobre la invasión cubana. Fue Rafael Caldera quien al llegar a la presidencia en 1969 perdonó a los guerrilleros. Y fue el mismo Caldera quien en 1994 ordenó soltar al golpista Hugo Chávez de la cárcel.
La segunda invasión cubana avanza hoy con igual propósito: establecer una dictadura marxista en Venezuela. La diferencia es que ahora goza del total apoyo del gobierno venezolano. Castro no sólo quiere asegurar el abastecimiento de 53.000 barriles de petróleo diarios a Cuba, bajo el acuerdo firmado en octubre de 2000, sino también pasar la antorcha comunista a su más destacado discípulo, Hugo Chávez.
"El mar de la felicidad cubana" ya se refleja en Venezuela con la caída del 29% del PIB, el desempleo alcanza 25%, una contracción en la compra de alimentos de 23% y 200 mil niños abandonados. La venta de dólares fue suspendida el 21 de enero y el control de cambios fue impuesto a partir del 5 de febrero.
Esta ha sido la más efectiva arma del gobierno de Chávez en la destrucción del sector privado venezolano y en disparar el desempleo. Chávez anunció que no habría ni un solo dólar para "los golpistas, fascistas y huelguistas" que se oponen a su gobierno. Tampoco hay dólares para la importación de papel prensa y quien compra dólares en el mercado negro está amenazado de cárcel. Esto sería evidentemente trágico en cualquier parte del mundo, pero en Venezuela es mucho peor porque esa nación petrolera depende de la importación del 60% de lo que consume: alimentos, medicinas, repuestos, materias primas, etc.
Para mantenerse en el poder, Chávez está empobreciendo dramáticamente a los venezolanos y haciéndolos pasar hambre. Lo mismo que en Cuba a lo largo de 44 años, quien tiene hambre no puede pensar en otra cosa que conseguir alimentos.
La seguridad personal de Chávez ha sido encomendada a agentes cubanos y el servicio de inteligencia cubano estableció su base de operación en el palacio presidencial de Miraflores, desde donde operan generales cubanos como Rogelio García. Al mismo tiempo, oficiales venezolanos son enviados a Cuba para recibir entrenamiento y adoctrinamiento.
Cubanos están apareciendo en oficinas del gobierno por toda Venezuela, como también en las escuelas, hospitales, en la industria petrolera y en el campo. La empresa cubana Alimport está encargada de las importaciones de alimentos, mientras que las compañías importadoras tradicionales no tienen acceso a dólares ni pueden suplir de materias primas a la industria de productos alimenticios. Esto empeora el desempleo y la clase media venezolana ahora forma parte del 85% de venezolanos pobres. Los nuevos ricos son chavistas que meten la mano en el presupuesto nacional sin ningún control ni transparencia.
El presidente John Kennedy abandonó a los cubanos, pero yo pienso que el presidente George W. Bush no abandonará a los venezolanos ni permitirá que Venezuela se convierta en una colonia de Cuba comunista.
VENEZUELA ANALITICA
Marcos Alves
La primera invasión cubana a Venezuela ocurrió en los años 60, cuando las guerrillas castristas desembarcaban en alejadas playas y se internaban por las montañas, asaltando poblaciones, asesinando a miles de hombres, mujeres y niños. Castro había decidido derrocar al presidente Rómulo Betancourt, elegido democráticamente en 1958.
Las primeras armas soviéticas llegaron a Cuba en 1960 y Castro anunció en octubre de ese año que ya contaba con una milicia de 250.000 hombres, con equipo y armas del bloque comunista. Castro lanzó su invasión a Venezuela matando a policías, guardias nacionales, asaltando aviones comerciales, el barco Anzoátegui, robando bancos, quemando fábricas americanas, dinamitando oleoductos y plantas eléctricas. Mató a mujeres y niños en el tren El Encanto en septiembre de 1963.
A los cubanos se le unieron guerrilleros venezolanos (varios de los cuales están ahora en el gobierno de Chávez), pero fueron vistos como extranjeros y nunca lograron apoyo popular. La revolución cubana fue diseñada como producto de exportación y Cuba se convirtió en punta de lanza de la estrategia soviética de comunizar a América Latina.
En noviembre de 1963, el gobierno de Betancourt presentó a la OEA pruebas contra Castro y Cuba, al descubrir cuatro toneladas de armas extranjeras en la costa noroeste de Venezuela. La OEA procedió a investigar y en julio de 1964 declaró a Cuba "culpable de agresión e intervención en asuntos venezolanos". Cuba fue expulsada de la OEA (sigue fuera) y sus miembros, con la excepción de México, rompieron relaciones diplomáticas y comerciales con Castro.
Como Castro seguía enviando guerrilleros a Venezuela, en 1967 el gobierno de Raúl Leoni acudió de nuevo a la OEA y los ministros del Exterior del organismo otra vez confirmaron las acusaciones venezolanas sobre la invasión cubana. Fue Rafael Caldera quien al llegar a la presidencia en 1969 perdonó a los guerrilleros. Y fue el mismo Caldera quien en 1994 ordenó soltar al golpista Hugo Chávez de la cárcel.
La segunda invasión cubana avanza hoy con igual propósito: establecer una dictadura marxista en Venezuela. La diferencia es que ahora goza del total apoyo del gobierno venezolano. Castro no sólo quiere asegurar el abastecimiento de 53.000 barriles de petróleo diarios a Cuba, bajo el acuerdo firmado en octubre de 2000, sino también pasar la antorcha comunista a su más destacado discípulo, Hugo Chávez.
"El mar de la felicidad cubana" ya se refleja en Venezuela con la caída del 29% del PIB, el desempleo alcanza 25%, una contracción en la compra de alimentos de 23% y 200 mil niños abandonados. La venta de dólares fue suspendida el 21 de enero y el control de cambios fue impuesto a partir del 5 de febrero.
Esta ha sido la más efectiva arma del gobierno de Chávez en la destrucción del sector privado venezolano y en disparar el desempleo. Chávez anunció que no habría ni un solo dólar para "los golpistas, fascistas y huelguistas" que se oponen a su gobierno. Tampoco hay dólares para la importación de papel prensa y quien compra dólares en el mercado negro está amenazado de cárcel. Esto sería evidentemente trágico en cualquier parte del mundo, pero en Venezuela es mucho peor porque esa nación petrolera depende de la importación del 60% de lo que consume: alimentos, medicinas, repuestos, materias primas, etc.
Para mantenerse en el poder, Chávez está empobreciendo dramáticamente a los venezolanos y haciéndolos pasar hambre. Lo mismo que en Cuba a lo largo de 44 años, quien tiene hambre no puede pensar en otra cosa que conseguir alimentos.
La seguridad personal de Chávez ha sido encomendada a agentes cubanos y el servicio de inteligencia cubano estableció su base de operación en el palacio presidencial de Miraflores, desde donde operan generales cubanos como Rogelio García. Al mismo tiempo, oficiales venezolanos son enviados a Cuba para recibir entrenamiento y adoctrinamiento.
Cubanos están apareciendo en oficinas del gobierno por toda Venezuela, como también en las escuelas, hospitales, en la industria petrolera y en el campo. La empresa cubana Alimport está encargada de las importaciones de alimentos, mientras que las compañías importadoras tradicionales no tienen acceso a dólares ni pueden suplir de materias primas a la industria de productos alimenticios. Esto empeora el desempleo y la clase media venezolana ahora forma parte del 85% de venezolanos pobres. Los nuevos ricos son chavistas que meten la mano en el presupuesto nacional sin ningún control ni transparencia.
El presidente John Kennedy abandonó a los cubanos, pero yo pienso que el presidente George W. Bush no abandonará a los venezolanos ni permitirá que Venezuela se convierta en una colonia de Cuba comunista.
VENEZUELA ANALITICA
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