sábado, 2 de abril de 2011

LA VERDAD SOBRE EL CARACAZO

La verdad sobre el Caracazo 

Por Gen Carlos Peñaloza

*** En su visita a Venezuela para la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en 1989, Fidel Castro llegó con 300 hombres y un enorme volumen de armamento. Gente del entorno de Pérez le ayudó a actuar libremente, lo cual Fidel aprovechó para preparar la toma del poder a partir de la insurrección popular que se esperaba y que efectivamente estalló el 27 de febrero.

Durante la segunda mitad de 1988 se comentaba en susurros entre los operadores de inteligencia que algo “serio y grande” iba a pasar en Venezuela debido a la terrible situación económica que atravesaba el país. Los bajos precios del petróleo y las graves acusaciones de corrupción creaban un ambiente pre-insurreccional. Las elecciones presidenciales y las celebraciones navideñas bajaron un poco la tensión en diciembre. Aun así, durante ese mes la DISIP y la DIM alertaron de nuevo al presidente Lusinchi sobre la posibilidad de un estallido social. El incremento del trasiego clandestino de armas por parte de grupos subversivos de extrema izquierda y la detección de comunicaciones en clave por parte de oficiales sospechosos de pertenecer a la logia militar que Fidel había infiltrado eran signos preocupantes. Para Lusinchi fue un alivio entregar la banda presidencial a Carlos Andrés Pérez el 2 de febrero de 1989.

La “coronación”, como se llamó la fastuosa ceremonia de investidura, fue una ofensa para el empobrecido pueblo llano. Pero CAP estaba eufórico y tenía grandes planes. La presencia de importantes líderes internacionales le indicaba que aun tenía peso mundial. Ni la presencia de Fidel Castro le robó el show. Pero Fidel tenía otras preocupaciones. Estaba perdiendo el apoyo soviético y necesitaba ayuda de Venezuela. CAP le dio largas y Fidel no se mostró muy feliz con el trato recibido. Al líder cubano le quedo claro que había que recurrir al plan alterno que implicaba adelantar el golpe cuartelario que venía preparando por varios años, reemplazándolo por una operación cívico militar aprovechando la inminente explosión popular que se vaticinaba.

A fin de apertrechar y fortalecer las fuerzas insurreccionales Fidel vino acompañado por más de 300 personas en tres aviones de la aerolínea cubana. Este excesivo séquito que supuestamente venía a la coronación, en realidad tenía una función de logística militar. Gracias a coordinaciones con agentes en el alto gobierno la comitiva y su carga mortal pasaron sin chequeo por la aduana de Maiquetía con un lote de pesadas cajas. El manifiesto de embarque revelaba que contenían armas para el equipo de seguridad de Fidel. De acuerdo con el volumen el equipo de seguridad debería estar compuesto por más de 280 personas, lo cual pareció excesivo al encargado de la aduana. Al chequear con su supervisor fue informado que había instrucciones de dos ministros de CAP y de su jefe de seguridad civil de no revisar el equipaje.

La comitiva de Fidel se acuarteló en el hotel Eurobuilding. Dos días antes el G2 cubano
había tomado el control de la seguridad del edificio. Ese hotel fue por una semana territorio cubano en Venezuela y todos sus accesos eran controlados por fuerzas de seguridad fidelistas. Inclusive el personal de cocina y de limpieza fue traído expresamente de Cuba. El único venezolano en esas instalaciones fue el general Herminio Fuenmayor, quien por propia solicitud había sido nombrado por CAP edecán venezolano del dictador. Fuenmayor fue mantenido bien entretenido por la gente de Fidel y sus informes a CAP nunca revelaron nada irregular en la delegación cubana.

Las informaciones obtenidas a nivel de inteligencia indican que durante su permanencia en Caracas, Fidel sostuvo varias reuniones secretas. Estaba angustiado ante la pérdida del apoyo soviético y necesita urgentemente otra fuente de ingresos. Hasta ahora todos los intentos que había hecho para apoderarse de Venezuela habían fracasado -los alzamientos militares de Carúpano y Puerto Cabello, la guerrilla urbana, la guerrilla rural. Ante el éxito de la pacificación realizada por Caldera en los años 70, decidió volver al punto de partida penetrando poco a poco al Ejército. Este plan era de largo plazo. Para tomar el gobierno había que esperar que hubiese cierto número de infiltrados en comando de tropas.

El G2 tenía penetrada a la DISIP y a la DIM. Con la información provista por estos agentes y por los líderes locales de la izquierda insurreccional conocieron la inminencia de un estallido social en Venezuela. Antes de salir de Cuba Fidel fue informado que el estallido era inevitable por las medidas económicas neoliberales que pensaba aplicar CAP. La idea alterna de aprovechar la revuelta popular, instigarla, promoverla y apoyarla con armas y otros insumos logísticos, empezó a tomar fuerza. De esa manera no habría que seguir esperando a que la logia estuviera lista para alzarse y los militares golpistas no tendrían demasiado poder.

Cuando el gobierno activara el Plan Ávila y concentrara las tropas en Caracas, los oficiales infiltrados se insubordinarían y se unirían a la protesta popular. El gobierno caería y se formaría una junta compuesta por militares infiltrados y lideres de izquierda radical. Este nuevo gobierno empezaría a trabajar para crear una confederación que uniera inicialmente a Cuba con Venezuela.

Esta idea se discutió en el Eurobuilding con algunos de los actores venezolanos en la rebelión. Caso de explotar la revuelta popular, la orden para ejecutar el plan seria dada por Fidel. A los políticos les gustó la idea, a los militares no. Alegaron que aun no tenía el control necesario en sus unidades. Los civiles arguyeron que no hacía falta todo el Ejército porque ellos tenían suficientes armas y podrían ser un freno para la porción del Ejército que se resistiera. A todas estas la visita de Fidel a Venezuela terminó. Nunca se supo si todos los cubanos que ingresaron se fueron ni si se llevaron todas las armas que trajeron.

Tres semanas después de la partida de los cubanos, el 27 de ese mismo mes, ocurrió el estallido. Los oficiales de la logia fueron sorprendidos al punto que no pudieron tomar ninguna acción para impedir que el Plan Ávila se pusiera en práctica. Los jefes civiles de la insurrección sorprendidos al ver la poblada tomar las calles pensaron que la orden de operaciones se había activado y empezaron a distribuir armas y municiones. Un disciplinado grupo de francotiradores, incluyendo cubanos, con armas de largo alcance y miras telescópicas, se apostaron en edificios y lugares elevados frente a Fuerte Tiuna para impedir la salida de unidades del Ejército hasta que les llegaran noticias que el control había pasado a manos de los insurrectos. Esta noticia nunca llegó.

Cuando el Ejército salió a la calle empezó a recibir fuego graneado de francotiradores desde edificios cercanos mientras en la calle se iniciaban anárquicos saqueos. Al llegar las tropas del Ejército a estos lugares fueron recibidos a tiros por infiltrados dentro de los saqueadores. Los soldados que habían salido a controlar una rutinaria misión de control de motines callejeros se encontraron con una operación de combate en localidades de envergadura. La fuerza enemiga era una guerrilla bien armada, organizada y disciplinada que se ocultaba tras los saqueadores y disparaba a matar. Los soldados reaccionaron con aplomo y respondieron como fueron entrenados. Es posible que en medio del combate se haya perdido la disciplina de fuego y se haya usado más violencia de la necesaria. En todo caso la paz fue restablecida, pero ocurrieron muchas bajas. Hubo muertos y heridos entre los guerrilleros y el Ejército, pero lamentablemente también entre los civiles que participaban en los saqueos o que transitaban por los alrededores. Poco a poco se impuso la superioridad de fuego de los militares y la paz fue restablecida.

***La fusión de la economía venezolana con la cubana era la única esperanza de Fidel para seguir adelantando su magno proyecto de formar un imperio comunista en Hispanoamérica. La Unión Soviética le estaba retirando el apoyo económico que por décadas había mantenido en pie el régimen castrista y para seguir adelante el apoyo venezolano era indispensable.

Hoy, 22 años después, los derrotados el 27 de febrero detentan el poder en Venezuela. Desde allí promueven acusaciones contra los militares que dirigieron las operaciones en defensa del Estado. Estas acusaciones tienen un blanco equivocado. El promotor del “Plan B” fue Fidel. Los cabecillas de la insurrección popular estaban en alerta desde antes del 27F. Los combatientes estaban armados y sabían cuál era su misión. La orden era “tirar a matar”.

El plan se ejecutó por error de uno de los líderes comunistas quien al ver las manifestaciones de protesta popular pensó que la orden se había impartido iniciando la operación que produjo la masacre. Ante esta orden la guerrilla urbana salió al combate y fue la primera en abrir fuego. Las fuerzas armadas respondieron al ataque. Desde que ocurrió este trágico error los cubanos han tratado de desviar la atención culpando a las Fuerzas Armadas venezolanas del hecho. En esta oportunidad la contrainteligencia del G2 tiene la audacia de promover marchas conmemorativas en Caracas habiendo sido ellos los promotores de la violencia. De no haber salido a la calle las tropas de choque comunistas armadas y con orden de disparar no habría ocurrido la tragedia. La protesta popular habría podido ser canalizada y dominada sin pérdidas de vidas y la sangre no hubiera llegado al rio.

Entre los fallecidos estaba un buen amigo mío, el mayor Felipe Antonio Acosta Carles. Sin yo saberlo, este oficial compañero de Chávez era a la vez parte importante de la conspiración. Luego me enteré que Chávez temía el ascendiente de este líder militar que era un guerrero de excepción. El día del Caracazo las unidades del Fuerte Tiuna que vigilaban el perímetro fueron relevados con cadetes de las Escuelas Militares. Los cadetes empezaron a ser hostigados con armas largas por francotiradores. Acosta se ofreció como voluntario para ir a tomar un nido de francotiradores que ponía en peligro a los cadetes. Los guerrilleros se habían instalado en un cerro frente a la alcabala de acceso del fuerte a la Carretera Panamericana. Acosta salió a cumplir su misión acompañado por una escuadra de soldados y dos suboficiales. Todo el personal portaba chalecos antibalas. En este intento Acosta perdió la vida cuando un balazo lo atravesó. Esto indica que el francotirador que lo abaleo usaba munición especial capaz de perforar chalecos antibalas. Chávez especula que el general Heinz lo mandó a matar. Este es un pésimo homenaje a quien fue uno de los mejores oficiales que conspiraron con él. Fueron las fuerzas controladas por Fidel las que asesinaron a Acosta. A todas estas Chávez que laboraba en Miraflores para la fecha dice que él estaba “enfermo” y no se reportó a su oficina.

Al Ejército se le ha acusado de actuar con exceso en el cumplimiento de esta misión. Es muy difícil definir qué pudo ser excesivo bajo el intenso fuego de francotiradores y terroristas armados que acompañaron al saqueo. Los conspiradores dentro del Ejército fueron tomados por sorpresa y no llegaron a actuar. Los civiles comunistas se emplearon a fondo pensando que el día “D” había llegado. Cuando se dieron cuenta que no era el caso ya estaban empeñados en combate y no había marcha atrás. Si hubo exceso, provino de ambos bandos y no puede haber un solo culpable.

Los mandos castrenses responsables por la operación, incluyendo a los generales Ítalo del Valle Alliegro, Manuel Heinz y otros agregados recientemente a esa lista, cumplieron la orden presidencial de aplicar el Plan Ávila. Este plan no preveía intensos combates callejeros contra fuerzas civiles bien armadas y organizadas. La operación asumía la existencia de manifestaciones populares desarmadas o con armas ligeras que habían desbordado a la policía. Estas situaciones son dominadas fácilmente por las fuerzas militares, pero el Caracazo fue un combate en localidades contra un grupo fuertemente armado. La culpa de la violencia fue de los comunistas que para tomar el poder enviaron al combate a ciudadanos entrenados con armas de fuego e instigaron al pueblo desarmado para que los acompañara. Este suceso puede ser calificado de muchas maneras, pero nunca como un acto “espontáneo”. Fue un acto fríamente calculado por Fidel y aceptado por los oficiales guerrilleros que lo pusieron en práctica.

Aunque no tuve mando de tropa en esa operación –era Jefe de Estado Mayor del Ejército-, quienes estaban al frente de las operaciones eran mis compañeros de generación o mis subalternos en alguna ocasión. Entre los combatientes que envió el ejército a las calles estaban los oficiales de la logia conspiradora y algunos de ellos dieron la orden in situ de disparar en defensa propia y para preservar la seguridad del Estado. Luego de los sucesos en el Estado Mayor evaluamos lo que había ocurrido, basándonos en informaciones concretas y llegamos a ciertas conclusiones. En esa experiencia fundamento esta nota escrita para la revista Zeta. Y por ese conocimiento considero que gracias a sus militares ese día Venezuela no perdió la libertad a manos de Fidel.

jueves, 31 de marzo de 2011

Desembarco cubano en Machurucuto, 1967. Demetrio Boersner

Tal Cual, 31 de agosto de 2001

Desembarco cubano en Machurucuto, 1967
Demetrio Boersner



Luego del derrocamiento de las dictaduras de Marcos Pérez Jiménez (1958) y de Fulgencio Batista (1959), los pueblos democráticos de Venezuela y de Cuba se sintieron íntimamente unidos en un anhelo común de liberación latinoamericana. Lamentablemente, su alianza se rompió a partir de 1961 por los caminos ideológicos y estratégicos diferentes que escogieron sus respectivas fuerzas gobernantes, en parte por voluntad subjetiva y en parte impulsadas por las circunstancias objetivas del momento histórico. Para 1962, ya había cundido entre los dos bandos la violencia armada. Esa situación perduró hasta 1968, año en que Cuba revisó su política exterior.

En muy tempranas horas de la mañana del viernes 12 de mayo de 1967, me llamó con urgencia el canciller venezolano, doctor Ignacio Iribarren Borges, y me pidió acudir a su despacho con la mayor prisa. Yo era, en esa época, su asesor político personal y además disfrutaba de la confianza del presidente Leoni. Me enteré de que, en la noche del miércoles 10 al jueves 11 de mayo, nuestro Ejército había capturado a dos miembros activos de las fuerzas armadas cubanas en el acto de desembarcar a guerrilleros venezolanos entrenados en Cuba, en la playa de Machurucuto, frente al extremo oriental de la Laguna de Tacarigua. Otro militar cubano había muerto durante la operación. Los cubanos capturados -primer teniente Manuel Gil Castellanos y miliciano Pedro Cabrera Torres- habían sido interrogados por el SIFA (hoy en día denominado DIM) y habían firmado confesiones que serían dadas a conocer a la prensa. Yo debía encargarme del manejo diplomático del asunto, y trabajar en coordinación con el ministro del Interior, Reinaldo Leandro Mora, el ministro de la Defensa, general Ramón Florencio Gómez, y el general Martín Márquez Añez.

El día lunes 15 de mayo, acompañé al canciller a una reunión en la que participaron, además del presidente Raúl Leoni, los señores Leandro Mora, Iribarren Borges, Gonzalo Barrios, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Jóvito Villalba, Jaime Lusinchi, Manuel Mantilla, Pedro París Montesinos, Raúl Nass, David Morales Bello, general Ramón F. Gómez, general Márquez Añez y otros. Todos los participantes -incluidos los doctores Jóvito Villalba y Luis Beltrán Prieto- estuvieron acordes en denunciar a Cuba ante la comunidad internacional, por intervención o agresión militar contra Venezuela. En cambio hubo matices con respecto a la forma de proceder y el alcance de nuestra denuncia. Al final se acordó por consenso: solicitar una reunión de consulta de la OEA sobre la base de los artículos 39 y 40 de su Carta, absteniéndonos de invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Igualmente se decidió hacer llegar la denuncia, a título informativo, a las Naciones Unidas.

A propósito de ese proceder moderado, me dijo el general Márquez Añez con preocupación, en conversación privada: "Los generales comprendemos que los medios de acción diplomáticos son limitados. Pero en alguna forma deben ustedes demostrar que se está defendiendo lo que el poeta llama el sagrado suelo de la patria. Así lo siente el pueblo. Y hay subalternos nuestros que no tolerarían que sus superiores, responsables de la defensa nacional, tuviesen una actitud pasiva.

Dirán: '¿Para qué sirven entonces estos generales?'" La OEA envió a Venezuela una comisión investigadora que durante los días 24 y 25 de junio realizó inspecciones imprevistas, y recibió de mis manos un informe y planteamiento general que redacté a su solicitud. Ese documento sirvió de base para que una reunión de cancilleres de la OEA, posteriormente, condenara la injerencia cubana en Venezuela.

Afortunadamente, la rectificación castrista del año siguiente cambió el panorama de las relaciones venezolano-cubanas y abrió el camino a una convivencia normal, que debería ser de respeto y amistad, sin desconocer las profundas diferencias entre los dos modelos.

Los resucitados del Cocal de los Muertos por Antonio Sanchez García

Antonio Sánchez García


ND

Los resucitados del Cocal de los Muertos [1]

7 January, 2011

“¿Quién iba a creer que la invasión, frustrada por la acción de nuestras fuerzas armadas y la decisión y el coraje de nuestra clase política, tendría éxito cuarenta años después, sin disparar un solo tiro y sin poner un solo hombre en las playas venezolanas? Quiso el destino que esta apetecida Nación enfermara de estupidez y pusiera al frente del gobierno a un militar inescrupuloso y felón, que no sólo le entregaría la república al tirano de La Habana, sino que lo financiaría para conseguirlo. Si no lo cree, entérese por los medios. El mismo fracasado comandante Soto Rojas es el actual presidente de la Asamblea.”

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El sueño eterno de Fidel Castro desde su asalto al Poder fue apoderarse del petróleo venezolano. Luego de la rotunda negativa del recién electo Rómulo Betancourt a regalarle una sola gota, como se lo señalara en una extenuante reunión celebrada en Caracas en enero de 1959, en que quedara en claro que una enemistad irreconciliable los separaría de por vida, los dados estaban echados. Tarde o temprano, la mano del comandante Castro se extendería hasta Venezuela, incidiría sobre sus desarrollo político y de una u otra forma, con la ayuda de las armas o del destino, terminaría por extender su revolución sobre la principal reserva estratégica de Occidente.

Desde entonces, hace cincuenta y dos años, no cesó en su tarea de zapa de la institucionalidad de la recién estrenada democracia venezolana, que se erguía como la única alternativa real al foquismo castrista para un continente desorientado que perdería en sus empeños y embates castristas de este último medio siglo a varias generaciones de argentinos, uruguayos, chilenos, bolivianos, peruanos, ecuatorianos, colombianos, guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños. Miles de jóvenes latinoamericanos ofrendados en la locura teledirigida desde La Habana y la mano extendida de la Unión Soviética y China.


Inmediatamente después de regresar a La Habana con la cola entre las piernas, comenzaron sus esfuerzos por entroncarse con la izquierda venezolana, la del Partido Comunista de Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez, siempre fiel a los lineamientos dictados por la Unión Soviética, y la que poco después, el 9 de abril de 1960, se desgajaba de AD y conformaba el MIR, con Américo Martín, Moisés Moleiro, Simón Sáez Mérida, Héctor Pérez Marcano. A la vera de esas dos principales ramas del comunismo venezolano, sobrevivieron los remanentes de un extremismo militarista vinculado a las fuerzas armadas desde la lucha contra la dictadura de Pérez Jiménez, en torno a la figura de Douglas Bravo. La clase política venezolana, a poco andar su vigoroso esfuerzo democrático, de gran y ejemplarizante incidencia en los destinos de América Latina, se partía en dos bloques: el inmensamente mayoritario de los grandes partidos históricos – AD y COPEI, fundamentalmente – fiel al proyecto de fundar la república liberal democrática sobre las bases establecidas por sus líderes históricos – principalmente por Rómulo Betancourt – y una minoría de extrema izquierda, vanguardista y decisionista al extremo, que insistió en boicotear y destruir ese esfuerzo tras la ilusión de reproducir en nuestro país los fastos de la revolución cubana. Consciente de que jamás alcanzaría el poder por la vía electoral y sin contar con un algún factor histórico imponderable: la crisis económica, social y política del país y/o la emergencia de algún Mesías uniformado.

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Contando con el apoyo de importantes sectores de las fuerzas armadas, esas fuerzas de extrema izquierda protagonizaron los cruentos cuartelazos de Carúpano (2 de Mayo de 1962) y Puerto Cabello(2 de junio de 1962), saldados con centenas de muertos y graves pérdidas materiales. Y fieles al propósito de boicotear la consolidación del sistema democrático, buscaron impedir la realización de las elecciones presidenciales de 1963 mediante la violencia. Castro, atento al proyecto, envió una tonelada de armas, perdidas en las costas de Falcón. Después de ser derrotado el abstencionismo con una participación electoral de más del 90% tuvo perfectamente claro que la consolidación de la democracia venezolana pondría un dique a su expansionismo imperial y lo obligaría a mantener su revolución en los confines de su aislamiento geográfico. Fue cuando decidió apostar todas sus cartas al derrocamiento del régimen democrático, el desarrollo de la lucha armada según los parámetros de la guerra de guerrillas librada en Cuba contra Fulgencio Batista y el asalto al Poder para instaurar una dictadura comunista en Venezuela.

He insistido en señalar que la aventura desesperada del Ché Guevara en Bolivia, que corre en paralelo a las invasiones del castrismo en Venezuela, fue más una escaramuza distractiva que un movimiento estratégico por sentar una cabecera de playa en el continente e iniciar la conquista de la región. A este último y ambicioso proyecto de expansionismo continental subordinó Fidel Castro todas las acciones que emprendió conjuntamente con la izquierda extrema venezolana. La joya de la corona no era un país pobre y desarticulado, perdido en las selvas y planicies del corazón del continente, con una extensa población indígena afincada en el más remoto pasado, sino un país joven en plena efervescencia política, recién liberado de una dictadura como la de Batista mediante un movimiento insurreccional, con hondos sentimientos libertarios e igualitarios, con un corazón definitivamente situado a la izquierda de las querencias políticas, con amplias y cercanas costas como para montar una invasión armada en toda regla, dominando el frente norte del continente y vinculado por ríos y llanos con Colombia, en donde ya florecía la guerrilla de Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo. ¿Por qué no apostar a una gran Colombia marxista leninista y hacerla extenderse montada sobre una oleada de petróleo por la América del Sur?

La extrema izquierda venezolana no esperó el impulso de Fidel Castro para irse al monte y montar sus frentes guerrilleros en los estados Falcón, Miranda, Anzoátegui, Monagas, Sucre y Lara. Y compitiendo por conquistar el apoyo estratégico y logístico así como el necesario financiamiento de la Secretaría América del Estado cubano – encargada de coordinar las acciones político militares en el continente – transmitieron a la jefatura castrista las leyendas de su exponencial crecimiento, su cercanía inmediata a los centros urbanos y la inevitabilidad de una próxima conquista del Poder. Fue entonces que Castro, definitivamente orientado hacia la expansión mundial de su proyecto político celebra la famosa Conferencia Tricontinental, en enero de 1966, propone y acuerda con la dirigencia del MIR y de las fuerzas de Douglas Bravo – ya el PCV se había separado definitivamente de la vía insurreccional – dar su pleno respaldo a una invasión con fuerzas combinadas cubano venezolanas a territorio venezolano.

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Dicha invasión tuvo lugar en dos fases. La primera, en junio de 1966, y luego de meses de preparativos bajo las directas instrucciones del propio Fidel Castro, comportó la presencia de 15 combatientes de élite del ejército cubano comandados por el entonces capitán Arnaldo Ochoa Sánchez, convertido posteriormente en héroe del ejército cubano tras sus éxitos en África y fusilado veintidós años después por Fidel Castro, cuando de vuelta de sus campañas africanas apuntara como el prospecto de la Perestroika para suceder a Castro en el Poder e iniciar un proceso de transformaciones. Contando con un único participante venezolano: Luben Petkoff. Desembarcaron en Chichiriviche en junio de 1966 para incorporarse al frente comandado por Douglas Bravo. La segunda tuvo lugar en mayo de 1967, conformada por cuatro milicianos venezolanos – Héctor Pérez Marcano, Moisés Moleiro, Américo Silva y Eduardo Ortiz Bucaram – y cuatro altos oficiales cubanos: Ulises Rosales del Toro, Raúl Menéndez Tomassevich – ambos miembros del Estado Mayor y altos funcionarios del régimen – Silvio García Planas y el doctor Harley Borges. Desembarcaron en el Cocal de los Muertos, algunas millas al oriente de Machurucuto, para incorporarse al frente de El Bachiller, comandado por el mirista Fernando Soto Rojas, alias comandante Ramiro.

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El resto es la historia de un patético, lamentable y estruendoso fracaso. Cuatro de los soldados cubanos que sirvieron al desembarco en el Cocal de los Muertos fueron arrastrados por el oleaje hasta Machurucuto, donde uno desapareció y tres fueron capturados. Uno de ellos, Tony Briones Montoto, fue fusilado en el sitio para verse redimido cuarenta años después por un busto conmemorativo – Dios sepa por qué acción heroica – alzado bajo la mirada y el auspicio del ex capitán de aviación William Izarra, padre del tristemente célebre periodista Andrés Izarra. Otro se suicidó en las mazmorras de la Digepol. Mucho antes de esa fatídica madrugada del 8 de mayo y sin que los invasores tuvieran la menor noticia Soto Rojas había huido de El Bachiller con los pocos hombres que sobrevivieran a la cacería de los zapadores venezolanos, para ir a refugiarse en el Parque Nacional Guatopo. Sin otra intención que reponer sus fatigas, sus derrotas y sus graves enfermedades. De sus centenas de guerrilleros habían sobrevivido en pésimas condiciones 21 combatientes, desesperados y confundidos, decididos a volver cuanto antes a Caracas para reponerse de la malaria, la disentería, la desnutrición, la leihmaniasis y las heridas. Allí, en Guatopo, se encontraron con los ocho invasores, que los alcanzaran tras una penosa y desesperada travesía de más de dos meses de hambre, desesperación y locura.

Obligados a dejar el lugar, partir hacia otros frentes los venezolanos y volverse a La Habana los moribundos comandantes cubanos, montaron una única y muy frustrante emboscada asesinando a unos desprevenidos soldados venezolanos que se desplazaban por la carretera cercana en un jeep del ejército. Ese fue el heroico acto de quien había dirigido el asesinato masivo de los guerrilleros anti castristas en El Escambray, Raúl Menéndez Tomassevich, ya fallecido, y de quien fuera ministro de azúcar y hoy uno de los más fieles hombres de Raúl Castro, Ulises Rosales del Toro. Éste último juez instructor de la causa que condenara a muerte al comandante Arnaldo Ochoa Sánchez y al coronel Tony de la Guardia.

Aunque Usted no lo crea, fueron compañeros de esta sórdida y desmarañada aventura venezolana. En el mismo lapso transcurrido hasta el regreso de los patéticos invasores del Cocal de los Muertos, Ochoa Sánchez y sus quince compañeros habían recibo la orden perentoria de Fidel Castro de volverse a La Habana. La operación se saldaba con un brutal fracaso. Una derrota en toda la línea.

¿Quién iba a creer que la invasión, frustrada por la acción de nuestras fuerzas armadas y la decisión y el coraje de nuestra clase política, tendría éxito cuarenta años después, sin disparar un solo tiro y sin poner un solo hombre en las playas venezolanas? Quiso el destino que esta apetecida Nación enfermara de estupidez y pusiera al frente del gobierno a un militar inescrupuloso y felón, que no sólo le entregaría la república al tirano de La Habana, sino que lo financiaría para conseguirlo. Si no lo cree, entérese por los medios. Ese mismo fracasado comandante Soto Rojas, absolutamente desaparecido de la escena política durante cuarenta años, es el actual presidente de la Asamblea. Es uno de los resucitados del Cocal de los Muertos.

[1] Véase LA INVASIÓN DE CUBA A VENEZUELA, Antonio Sánchez García y Héctor Pérez Marcano, Los libros de El Nacional, Caracas, 2007.

jueves, 13 de enero de 2011

GB ANGEL VIVAS. "Ls isla del Terror"

A nuestros lectores, se les invita a visitar el  blog del GB ANGEL VIVAS, en: http//www.losescritosdelgeneralvivasp.blogspot.com


https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=gmail&attid=0.1&thid=12d7fc3c68f7be3c&mt=application/pdf&url=https://mail.google.com/mail/?ui%3D2%26ik%3D7cca326d4b%26view%3Datt%26th%3D12d7fc3c68f7be3c%26attid%3D0.1%26disp%3Dattd%26zw&sig=AHIEtbQqys3xaf1_sSwKW6X3GvQOs6FEbQ&pli=1

ARCHIVO PDF :   http://www.scribd.com/full/46175344?access_key=key-z69mh3x8ud8pa4v2wdu 

domingo, 2 de enero de 2011

ALBUM DE BANDOLEROS. ARTICULOS DE MARIANELLA SALAZAR

ALBUN DE BANDOLEROS (PARTE I)



Primera entrega de la Lista de altos funcionarios de los distintos poderes vinculados con las actividades guerrilleras de los años 60 y 70 , o de grupos de izquierda radical. Algunos fueron reseñados en el Álbum de Bandoleros que editó el Centro de Operaciones Conjuntas del Ministerio de la Defensa, en la época de la lucha contra la subversión patrocinada por Fidel Castro. Posteriormente, varios de los reseñados se acogieron a la política de pacificación durante el primer gobierno del doctor Caldera, actualmente – según fuentes de Inteligencia – reciben instrucciones del Comando Político de la Revolución, presidido por Guillermo García Ponce, Pedro Ortega, Carlos Lanz y Darío Vivas:

Guillermo García Ponce, ideólogo de izquierda revolucionaria, formó equipo con los Petkoff en la organización de la actividad guerrillera con apoyo del gobierno cubano, se acogió a la política de pacificación y actualmente es asesor político del MVR y miembro de la comisión asesora del CNE. Carlos Lanz Rodríguez, miembro de la izquierda radical, participó en el secuestro del industrial estadounidense William Frankl Niehous (1976), es el cerebro de la “cubanización” en el proceso educativo y es asesor del Ministerio de Educación Superior. Héctor Navarro, Ideólogo comunista, no actuó en la guerrilla por ser hijo de un oficial del Ejército, es ministro de Educación Superior. Alí Rodríguez Araque, alias Comandante Fausto, experto explosivista, veterano combatiente de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional; fue ministro de Energía y Minas, secretario general de la OPEP y actual presidente de Pdvsa. Armando José Daza Zurita, “el Chino Daza”, ex guerrillero, especialista en emboscadas y explosivos, es asesor del Presidente de Pdvsa. Clodosbaldo Russián, guerrillero en los 60, izquierdista radical actuando siempre de bajo perfil, Contralor General de República. Isaías Rodríguez, ideólogo de las guerrillas Urbanas en la UCV, colaboró en reclutar jóvenes, fue Vicepresidente de la Republica y es el Fiscal General de la Republica. Germán Mundarain, asesor de la izquierda revolucionaria en la UCV, colaboraba en la recolección de jóvenes para la guerrilla, es Defensor de Pueblo. Omar Mora Díaz, ex-guerrillero urbano en el oeste (Catia) de Caracas, es Magistrado del TSJ. Marcos Esteban Gómez Herrera, reseñado como guerrillero urbano que eliminaban policías en los años 70, después formó agrupación con Julio Escalona en la guerrilla rural. Participó en diversos atracos a puestos de guardia o alcabalas; se desempeñó como asesor en el Consejo Nacional Electoral, donde había sido consultor jurídico, hoy es fiscal general de cedulación.





ALBUN DE BANDOLEROS (II)



Segunda entrega de la lista de representantes de distintos poderes, vinculados a la subversión de los 60 y 70, a grupos terroristas o de izquierda radical, señalados por fuentes de Inteligencias (algunos fueron reseñados en el Álbum de bandoleros del Centro de Operaciones Conjuntas del Ministerio de la Defensa, editado en la época de la lucha antisubversiva):

Juan Vicente Cabezas, alias Comandante Pablo, ex guerrillero que actuó en diversas áreas de país, experto en emboscadas a las tropas organizadas, fue comandante del Frente “José Antonio Páez”, es responsable de la muerte de varios soldados que le sorprendieron en acciones de abigeato; presidente del Centro Simón Bolívar. Manuel Quijada, fue instructor guerrillero, posteriormente detenido en el levantamiento denominado “El Porteñazo” (1962), sentenciado a 9 años de presidio, su hermano el industrial Concho Quijada – negoció su libertad con Rómulo Bentacourt a cambio de su salida del país, actualmente embajador en Portugal. Rafael Antonio Uzcátegui, ex- guerrillero, fue diputado y directivo en la Asamblea Constituyente. Ramón Martínez, médico de las guerrillas en el oriente del país, al cuidado de los heridos en la zona denominada “El Bachiller”, es el Gobernador del Estado Sucre. Víctor Hugo Morales, siendo Capitán de Corbeta se alzó en “El Porteñazo”, después de cumplir sentencia se vinculó a la izquierda radical y apoyó al proceso bolivariano, es diputado del MVR. Elías Eljuri Abraham, durante los años 60-70 contactaba en Falcón a quienes se integraban a los grupos guerrilleros de la Azulita y Humocaro Alto, fue Intendente Nacional del Tributos Internos del Seniat y es jefe del Instituto Nacional de Estadística (INE). Adina Bastidas, guerrillera urbana, practicaba asaltos en búsqueda de finanzas para los frentes guerrilleros, fue Vice-presidenta de la República, es Directora de CADIVI. Elías Jaua, coordinador de disturbios en los alrededores de la UCV (Plaza de las Tres Gracias) donde actuaba como encapuchado junto con el grupo de Adina Bastidas ( M-28); fue Secretario de la Presidencia mientras la Bastidas estuvo como Vice-presidenta de la República, le fue negado el plácet como embajador en la Argentina. Freddy Balzan Morell, ex “correo” de la guerrilla, enlace con la guerrilla sandinista, posteriormente embajador en Nicaragua y actual embajador en Argentina, Miguel Gómez, ex guerrillero urbano, tenía como centro de acción la UCV, actual embajador en Nicaragua. Luis Fuenmayor Toro, coordinador de grupos de extrema izquierda en la UCV, ex rector de UCV.



ALBUM DE BANDOLEROS (III)



Ultima entrega de la lista de miembros de los distintos poderes, vinculados a subversión de los años 60 y 70, a grupos terroristas o de izquierda radical, señalados por fuentes de Inteligencia (algunos están reseñados en el Álbum de bandoleros del Centro de Operaciones Conjuntas del Ministerio de la Defensa, editado en la época de la lucha antisubversiva):

Rafael Vargas Medina, ex guerrillero urbano, operaba en Los Rosales, El Valle y El Cementerio (donde residía). Su hermano, el mayor (Ej.) Héctor Vargas Medina negoció su salida del país, fue ministro de la Secretaria de la Presidencia, maneja entre bastidores al IVSS, se dedica con el ex director del IVSS Edgar González al montaje de una clínica privada, es directivo del MVR, Lino Martínez, en los años 60-70 fue coordinador del envío de jóvenes a las guerrillas, actuó en el cerro El Bachiller; fue ministro del Trabajo y es embajador en México. Fernán Altuve Febres, ideólogo e instructor de comunicaciones en la guerrilla, fue asesor de inteligencia de los generales Ochoa Antich y Ramón Santeliz en el Ministerio de la Defensa donde permanece, William Fariñas. Fue introducido por Bandera Roja en la Aviación, donde alcanza el grado de Teniente-coronel, se alza el 27 de noviembre de 1992, fue jefe del Fondo Único Social (FUS), tendrá que rendir cuenta por Plan Bolívar y el Plan Siete Estrellas; es miembro de la izquierda radical militar. Wilmar Castro Soteldo, introducido en la Aviación por grupos izquierdistas, fue comandante del Grupo Mirage que se alzó el 27-N, posteriormente presidente de Avensa y actualmente es Viceministro de Turismo. Freddy Bernal expulsado de la EFOFAC por sus tendencias de izquierdismo radical, se gradúa en la escuela de policía, es enviado por el gobierno de CAP a Nicaragua para custodiar a la presidenta Violeta Chamorro, contacta con los sandinista y regresa a funciones subversivas por lo cual es separado del grupo CETA de la Policía Metropolitana, es Alcalde del Municipio Libertador. Tarek William Saab, fue abogado de Douglas Bravo a raíz de los sucesos del 27.N, el Departamento de Estado lo relaciona con la conexión terrorista árabe en la isla de Margarita, razón por la cual le negaron la visa a Estados Unidos, es diputado del MVR. Antonio José Navarro Wolf, alias “Mario” o “ “Adán”, ciudadano colombiano, ex comandante del grupo guerrillero M-19, especialista en redes urbanas, asesora a funcionarios del gobierno chavista. José Vicente Rangel Vale, se infiltró en URD cuando figuraban en el Partido Comunista de Venezuela líderes con gran prestigio (Gustavo Machado, Pompeyo Márquez y Jesús Faría), se relacionó con la Guardia Nacional a través de familiares conectados con los llamados “perros de la guerra”, de ahí su amistad y protección con el vendedor de armas Oscar Martínez, dueño del Bingo de la Mercedes. Su vehículo con placas de diputado, fue detenido con un lote de armas destinado al campamento guerrillero dirigido por Juan Vicente Cabezas, en la región de El Charal (Portuguesa), su habilidad política e inmunidad parlamentaria le garantizaron impunidad en el caso. Fue tres veces candidato a la Presidencia de la República, (Rodolfo José Cárdenas en el Tomo I de su obra La República Civil “Cuarta República” 1958-1998 afirma: “...ya entonces (1977) se hablaba de los perros de la guerra y sus negociados en lo cual involucraban a familiares de Rangel”) Su animadversión hacia la Fuerza Armada se remonta el momento en que su hijo –actual alcalde de Sucre- fue retirado de la Academia Militar por bajo rendimiento, es el Vicepresidente de la República.

sábado, 3 de abril de 2010

EL EXPEDIENTE ROJO

Se recomienda ver este enlace, tiene información interesante.

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CAPITULO VII 14. Emboscada "Bajo La Cruz" 28 de Abril de 1978

14. Emboscada “Bajo La Cruz, efectuada por el grupo bandera roja a una compañía del Batallón de Cazadores “Coronel Vicente Campo Elías Nº 62”, en el sitio bajo la cruz, estado Anzoátegui el día 28 de abril de 1978.

Durante el mes de abril de 1978, el Comando de la Fuerza Específica Uribante  (FEU) (*) , ubicado en Buena Vista, a 10 kilómetros de la población de ANACO, dirigió operaciones de rastreo e inteligencia, en los Estados GUÁRICO, ANZOATEGUI, MONAGAS y SUCRE a través de los Comandos Operacionales Nro. 1, con sede en la población de ZARAZA, Nº 2 en SAN MATEO, Nº 3 en PUNTA GORDA y N° 4 entre CAÑO CRUZ y CASANAY. Estas operaciones estaban destinados a capturar y neutralizar varias bandas armadas integrantes del grupo Bandera Roja, que en número de veinticinco hombres cada una, operaban en estas zonas efectuado tomas de caseríos a donde dirigían mítines relámpagos e inmediatamente desaparecían.

El Comando Operacional N° 3 estaba bajo las órdenes del Teniente Coronel Quintero Figarella, Comandante del Batallón de Cazadores Coronel Vicente Campo Elías Nº 62, con cuatro compañías ubicadas en los puntos más importantes de la zona.

El 28 de abril en horas de la madrugada, el grupo Bandera Roja, con 25 hombres aproximadamente, efectúa la toma de EL SAMÁN, entre la población del MUNDO NUEVO y URICA, realizan un mitin dirigido a la población y pintan graffitis con consignas alusivas a su causa.

Mientras esto sucedía, el ciudadano Jesús López, habitante de ese caserío, logra evadir a los bandoleros y se dirige al Comando de la Fuerza Específica Uribante (FEU) donde hace del conocimiento a las autoridades sobre la situación reinante en EL SAMÁN. Se ordena rápidamente informar al Comando Operacional N° 2, responsable de la zona donde se había efectuado la toma. En vista de que en ese comando no respondían, el Teniente Coronel Quintero, Comandante de CO-3, quien estaba cerca del centro de comunicaciones, interrogó al radio-operador sobre lo que estaba sucediendo y este le respondió que la información que se escuchaba era una comunicación que trataba de hacer la FEU al CO-2, para ponerlos en conocimiento de que habían tomado el caserío EL SAMÁN.

Ante esta situación de inmediato, a eso de las 04: 00 horas, el Comandante Quintero tomó la iniciativa de ordenar al Sub-teniente Julio Rodrigo Sales que con 14 hombres y en dos vehículos, se dirigiese hacia esa población con el fin de efectuar las averiguaciones correspondientes, a la vez que ordenó al ST/2da José Nigo que tomara un vehículo de transporte de tropas (VTT), embarcara diez guardias nacionales y diez soldados para dirigirse de emergencia a los POZOS DE AREO, con el objeto de enterar al Teniente Hector Rodríguez Quijarro sobre la situación y hacerle de su conocimiento que debería dos Oficiales y 30 e/t para conducir una operación en el sitio de los sucesos. A las 05: 00 horas llegó al ST/2da Nigo a los POZOS DE AREO, le explicó al Teniente Rodríguez Quijarro la orden del Comandante y éste dispuso rápidamente de los dos Oficiales y 30 e/t, explicándoles lo referente a medidas de seguridad y reacción. Los Subtenientes Eduardo Suárez Varguillas y Luis Contreras Rote mas el Sargento Técnico de Segunda José Nigo con los diez guardias nacionales y 40 e/t se dirigieron a EL SAMÁN. Llegaron a las 05: 50 horas y allí encontraron al Sub-teniente Julio Rodrígo Sales con los 14 e/t, quienes tenían tomado el caserío efectuando averiguaciones por medio de interrogatorios a los pobladores.

El Sub-teniente Rodríguez habló con los otros Subtenientes y les informó detalladamente sobre lo que había sucedido y se dispuso efectuar la operación ordenada por el Comandante Quintero a lo largo de la ruta desde el crucero de BAJO LA CRUZ hacia URÍCA, por ambos lados de la carretera. Les preguntó en varias oportunidades si sabían dónde quedaba ese crucero y los Oficiales le respondieron que sí. Ante esta respuesta afirmativa envió la comisión y ésta salió a la 06: 10 horas hacia el sitio indicado.

Los Oficiales, el ST/2da y los 50 efectivos iniciaron el movimiento en el vehículo de transporte de tropa (VTT). A las 06: 30 horas llegaron al crucero de BAJO LA CRUZ y detuvieron el camión. Se presentaron dudas sobre si ése era o no el lugar y continuaron el movimiento. Cuando habían recorrido aproximadamente 150 metros, un soldado con dificultades para hablar (gago) observó a seis bandoleros sobre un terraplén de dos metros de altura, pero la dificultad para hablar sólo le permitió gritar y señalar hacia el sitio. Los bandoleros al percatarse de esto efectuaron ráfagas sobre el camión. Los dos Oficiales que iban agarrados de los tubos, ubicados en la puerta posterior del camión se lanzaron y dispararon hacia los bandoleros. El Subteniente Henry Contreras Rote recibió un impacto de perdigón en el pecho alojándosele en el abdomen y un disparo en el brazo. Dentro del camión los efectivos de la guardia nacional, con mucho miedo gritaban desesperados y los soldados cargaban sus armas, algunos disparaban hacia arriba y otros trataban de salir por la única puerta del vehículo techado.

Uno de los soldados recibió un impacto en la cabeza y murió instantáneamente mientras que dos Guardias Nacionales sufrían traumatismos al lanzarse del vehículo. El Subteniente Eduardo Suárez reunió un pelotón y efectuó una persecución sin resultados positivos. Posteriormente se inició una operación de rastreo con 19 pelotones, pero igualmente fueron negativos los resultados.

Por parte de los bandoleros, una mujer que estaba de guardia en el momento de pasar el camión, resultó herida pero fue evacuada por su compañero.

En el sitio se capturaron dos granadas de mano y comida para 15 personas, que efectuarían el desayuno.

Los reductos de bandoleros que aun se mantenían activos para 1978, mantenían actividades subversivas aisladas, con intención propagandística fundamentalmente y con actividades delictivas para autoabastecerse y sobrevivir, visto que desde hacía un buen tiempo dejaron de recibir apoyo internacional. Esta fue la última emboscada del período subversivo iniciado en los años sesenta, cuyo balance les fue adverso, pero como contraparte, beneficioso para la paz del país. Los aspectos analizados sobre la emboscada, que en su momento, hiciera la Inspectoría General del Ejército son los siguientes:

a) La FUERZA ESPECIFICA URIBANTE (FEU), fue un Comando Operacional sui generis, equivalente a una Unidad Superior, con características diferentes en su organización y funcionamiento a sus antecesores, los antiguos TEATROS DE OPERACIONES. Esta unidad no contaba con los recursos jurídicos y de inteligencia para la conducción de las operaciones. Su Estado Mayor difería de la magnitud de los Estados Mayores de los TO y las acciones de Comando, Control y Comunicaciones estaban disminuidas.

b) El Comando de la FEU, trató de dar la misión de actuar en EL SAMAN, al Comando Operacional Nro. 2, pero no lo logró, por fallas en la red de comunicaciones, de tal manera que hubo de ser cumplida por la iniciativa puesta de manifiesto por el Comandante del Batallón de Cazadores “Vicente Campo Elias” a cargo del Comando Operacional Nro. 3, a pesar de que ese no era su sector, en consecuencia este Batallón fue el que recibió la agresión de los bandoleros.

c) La falta de apoyo de transporte que sufrían las unidades del Ejercito, era acentuada, ello se evidenció en esta emboscada, donde la unidad en operaciones, contaba solo con un vehículo VTT o vehículo de transporte de tropa para uso administrativo, que no estaba configurado para ser utilizado en caminos o vías de penetración. Esta circunstancia obligó a que se excedieran los límites de carga, vulnerabilidad que jugó a favor de los bandoleros. Para el momento de la emboscada viajaban 54 hombres en el VTT.

d) En varias oportunidades fue elevada la solicitud de desincorporación del vehículo de transporte de tropa (VTT), por considerarse inapropiado para el traslado del personal en la zonas de riesgo y en un ningún momento fueron tomadas en cuenta las sugerencias por el Comando de la Brigada de Cazadores, sin embargo, por iniciativa del Comando del Batallón se le adaptaron dos puertas y barras de acero pero igualmente, no dejó de ser inadecuado para el uso de las operaciones de contra-guerrillas.

e) El consuetudinario error de movilizar vehículos sin protección, se repitió nuevamente, como consecuencia de una deficiencia mayor atribuida al Ejército, ente que no había dotado de medios de transporte a las Unidades de Cazadores, ya que sus prioridades fueron orientadas hacia la frontera con Colombia, para ello se hizo una adquisición bastante cuestionada de camiones Ford F-600, de dudosa calidad y sin las especificaciones militares mínimas deseadas. A estos vehículos los llamaban “urnas ambulantes”, por ser demasiado altos y aparatosos para el traslado de tropas. En síntesis las unidades de cazadores pasaron a un segundo plano.

f) Las unidades mas apropiadas para las operaciones eran y siguen siendo los vehículos M-35 de 2 ½ toneladas en sus varias versiones, al igual que las camionetas ¾ toneladas, se desconoce la razón por el cual los altos mandos de la época no decidieron por este vehículo ya probado y utilizado con éxito en los años sesenta, en lugar del F-600.

g) Se determinó que el personal de tropas no llevaba el arma en orden de combate (arma aprovisionada y cargada).

h) El sistema de comunicaciones entre la FEU y los comandos operacionales no funcionó adecuadamente, a pesar de que los Procedimientos Operativos establecían que las bases operacionales y las unidades debían establecer en sus instrucciones permanentes de comunicaciones (IPC) e instrucciones operativas de comunicaciones y (IOC) el horario de llamadas a regir diariamente. Durante estas operaciones se hacia necesario implantar horarios nocturnos con reportes cada media hora y si la situación lo ameritaba los radio-operadores debían permanecer en radio escucha durante el período que fuese necesario.

i) Los Oficiales, todos recién graduados, eran poco conocedores de la zona, tal vez por vergüenza no fueron sinceros en sus respuestas ante las preguntas de sus superiores sobre este aspecto.


(*) Comando especial activado, para cumplir las funciones del TO-4, el cual había sido desactivado a raíz del proceso de pacificación. La mision de este Comando era someter a los disidentes del proceso subversivo que no aceptaron la pacificación, pero sin la fuerza y las atribuciones que dispusieron el funcionamiento de los desaparecidos TEATROS DE OPERACIONES.