domingo, 16 de agosto de 2015

PARA QUE LA MEMORIA NO SE PIERDA. LA DERROTA

VII.- LA DERROTA 

  La derrota política y militar del Frente “José Leonardo Chirino” se encuentra indisolublemente unida al fracaso de la lucha armada en Venezuela, en el período que empieza en 1960 con el inicio de la autodefensa armada, en 1961 con la constitución de los primeros núcleos guerrilleros en El Charal dirigido por Lunar Márquez y Juan Vicente Cabezas, en 1962 el grupo de Humocaro comandado por Argimiro Gabaldón al cual se incorpora Lunar Márquez y otros que vienen de El Charal y el grupo de Aroa dirigido por Luben Petkoff y el de La Azulita en el Estado Mérida, cuyo jefe iba a ser Alfredo Maneiro, quien no llegó a subir. En ese intento de La Azulita fue herido y tomado prisionero Agustín Blanco Muñoz, quien luego se escapará durante El Porteñazo y permanecerá refugiado en la residencia No. 1 de la Ciudad Universitaria de Caracas en la habitación PB-12. 

    La falta de éxito del llamado a la abstención electoral y el triunfo de Raúl Leoni en el año 1964 plantea en el seno del Comité Central del Partido Comunista el inicio de la discusión sobre una posible tregua en el campo militar. Se logra su puesta en práctica durante nueve meses y en ese período surgen tendencias que se plantean la pacificación y el fin de las acciones armadas. En Abril del año 1965 y en el VII Plano del Comité Central se elabora la confusa táctica de la “paz democrática” que en verdad nadie entendió por cuanto por un lado plantea la búsqueda de vías que abran canales para la participación legal en la relación con las masas populares y superar de esta forma el aislamiento de la izquierda y por la otra refuerza las tesis guerreristas del VI Pleno. 

    La tesis del repliegue había sido planteada en 1964 por Domingo Alberto Rangel quien de inmediato se separa del MIR. Según Teodoro Petkoff y Guillermo García Ponce, los cuales se encontraban presos en el San Carlos, esta idea empieza a materializarse y se refuerza con la caída de El Garabato y el asesinato de Alberto Lovera: “Yo por ejemplo, creo que el momento en que nosotros decidimos el repliegue fue el día en que mataron a Lovera y cayó El Garabato, dos cosas que fueron simultáneas”.29 “La caída del Garabato significaba que el movimiento estaba aislado, sin recursos logísticos de ningún tipo... la muerte de Lovera resume esencialmente el costo en sangre que significaba todo esto para el Partido”30    Considerados como el aspecto crucial el diseño táctico de la “paz democrática”. El mismo produce la separación del MIR, el cual mantenía su alianza con el PCV. En 1965 la comunicación enviada desde el Cuartel San Carlos, firmada por Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff y Freddy Muñoz donde reconocen la derrota y la necesidad del repliegue. Esta posición no es aceptada por la casi totalidad de los dirigentes de los frentes armados, lo cual puede constatarse en El Manifiesto de Iracara, la comunicación enviada por Elías Manuit Camero con el pseudónimo de Amadeo, firmada en la Sierra de Falcón el 12 de Junio de 1966 y la comunicación del Comandante Arauca (Francisco Prada) desde el Frente Guerrillero de los Llanos, el 21 de Junio de 1966.31 

    En ese mismo año, Douglas Bravo es separado del Buró Político del PCV y lo acompañan Luben Petkoff, Edgar Rodríguez Larralde, Freddy Carquéz, Elías Manuit Camero, Francisco Prada y otros. Asumen el nombre FLN-FALN, pasando Fabricio Ojeda a la Presidencia del FLN. 

    En consecuencia, el repliegue militar unido a la política de pacificación instrumentada por el primer Gobierno de Rafael Caldera y el desarrollo del mesianismo, el foquismo y la ausencia de una base social debilitan al movimiento hasta su total desaparición. 

    La razón de la derrota no es entre los entrevistados objeto de análisis exhaustivo. Se puede decir que en última instancia, la posición de cada uno frente al problema depende de la posición que tomaron en el momento en que el PCV asumió la táctica de la “Paz Democrática”, a mediados de 1965, que se proponía la desmovilización de los frentes guerrilleros y la liquidación de la lucha armada. Según Douglas Bravo esa decisión del PCV provocó la decisión que permitió a su vez la formación de un grupo, en 1966, liderizado por él, que tomó sucesivamente las designaciones del FLN-FALN y PRV, y que luego, en 1972, tomará aspecto legal bajo la denominación de RUPTURA. 

    El Partido Comunista de Venezuela, en su pleno de Julio - Agosto de 1965, hizo un balance de lo que hasta ese momento había sido la lucha armada. Aparte los eufemismos, se puede decir que las “resoluciones”, producto de ese pleno, declaran simplemente la situación de derrota en que se encuentra esa lucha como consecuencia de gravísimos errores en su concepción y ejecución. En primer lugar señalaba la derivación militarista que centraba las tareas en lo estrictamente militar, desatendiendo los necesarios aspectos propiamente políticos, legales y pacíficos. Señalaba, también, que la lucha armada no había logrado el apoyo popular necesario, ni en el campo ni en la ciudad, por lo cual había degenerado en una simple lucha de vanguardias. Asimismo, los cuerpos militares de la revolución evidenciaban una singular ineficacia militar, e ineficacia en las tareas políticas, no militares, como la obtención misma del apoyo popular. Esos mismos cuerpos mostraban carencia de cuadros adecuadamente entrenados, y carecían también del armamento mínimo indispensable para operaciones militares sostenidas y exitosas. La guerra revolucionaria se encontraba simplemente, en una fase irreversible de estancamiento que además comprometía las posibilidades de otras formas legales de lucha, y la supervivencia misma de los partidos comprometidos en ella, vale decir, al Partido Comunista y el MIR.32 

    De los entrevistados, Alejandro Mariño Suzzarini, Heberto Oráa, Nicolás Jiménez, Noel Sirit, Ignacio de Jesús Goitía, Francisco Sosa, es decir, seis de catorce, en el momento de la escisión de Douglas Bravo permanecieron alineados con el Partido Comunista y acataron la decisión de desmovilización. Sin embargo, esa desmovilización, no se produjo de inmediato. Lo que de inmediato ocurrió fue la separación física de los militantes comunistas del Frente Guerrillero “José Leonardo Chirino”, el cual quedaba así integrado solamente por los seguidores de Douglas Bravo. Los militantes comunistas fueron trasladados a las ciudades o a otros frentes guerrilleros que permanecían fieles a las directivas del Comité Central. Estos frentes guerrilleros continuaron funcionando en actitud defensiva a la espera de la definitiva concreción de la paz y de la incorporación a la vida legal, hasta 1967. 

  Alejandro Mariño Suzzarini bajó de la Sierra en 1965, aquejado de una molesta enfermedad. Ese mismo año, para seguir tratamiento médico apropiado y tomar cursos de especialización militar, fue enviado al extranjero por el Partido. Estuvo en la Unión Soviética, China, Vietnam del Norte, Checoslovaquia y Cuba. Al regresar a Venezuela en 1967, efectuada ya la separación de Douglas Bravo, se incorpora al Frente Guerrillero “Simón Bolívar”, que operaba en una zona de confluencia de los estados Lara, Portuguesa y Trujillo, y que comandaba en ese momento Tirso Pinto. Ese mismo año se completó la desmovilización del frente, y los combatientes más notorios pasaron a hacer vida clandestina en las ciudades. Se vinieron a incorporar plenamente a la vida legal en 1969, en el gobierno de Rafael Caldera. 

    A pesar de la decisión de desmovilización del Partido Comunista, muchos fieles militantes abrigaban, aun dentro de las estructuras del partido, la esperanza de continuar la lucha guerrillera. Esto es lo que se desprende de las declaraciones de Mariño. 
“Llego a Venezuela y trato de cumplir lo más disciplinadamente con la línea del partido, me entrevisto con Teodoro Petkoff quien se había fugado del San Carlos y me propone que me dediqué a la tarea de la reconstrucción del partido que había sido muy golpeado par la represión y por la división del “douglismo”. Le digo a Teodoro; -mire, camarada, yo soy un guerrero, yo sé de guerra, ustedes me han mandado al exterior a estudiar el arte de la guerra, yo no soy un organizador, soy un guerrero-. El Partido Comunista mantenía todavía el Frente “Simón Bolívar” y me envían a la montaña, pero antes de irme veo a mi familia y algunos compañeros a quienes tenía muchos años que no veía, converso con ellos y les manifiesto que seguiremos en la lucha, que veníamos a reforzar el Frente y les pedí la solidaridad para continuar en la lucha. Teodoro Petkoff me dice: -Bueno Mariñito, si te quieres ir para el monte, que te vaya bien-.” (p. 302-303) 
   Así pues, muchos combatientes, militantes del PCV, siguieron a regañadientes las directivas del partido, pues estaban convencidos de que era posible continuar exitosamente la lucha armada. Pero privó en ellos, por encima de todo la disciplina marxista-leninista en que se habían formado, la altísima valoración del partido que el partido les había inculcado. Con el tiempo, han venido a dar la razón a quienes en el partido promovieron la liquidación de la lucha armada. El mismo Mariño es testimonio de ello: 
“Yo había lanzado una consigna que después Teodoro y Pompeyo me reclamaron. ¡Primero muertos que bajar!.. Hoy, que estoy conversando contigo, pienso que la decisión del partido fue correcta, pues no teníamos base social, los campesinos estaban al pie del monte, al pie de la cordillera o en pueblos como, la Miel, Acarigua.” (p. 303-304) 

   A la resolución del VII Pleno del Comité Central del partido, en el cual no había participado, Douglas Bravo respondió enviando una carta al mismo Comité Central para exponer su personal apreciación de la situación. De hecho, a nuestro entender, la carta no hace más que dar razón al Comité Central en cuanto al análisis que éste hace, pero así mismo hace recaer la responsabilidad principal de los errores cometidos en el propio Comité Central y en especial en su Comisión Política:
 “Para ustedes, camaradas del Comité Central no es ningún secreto que estas fallas y errores pueden verse en la forma más clara dentro de nuestra Comisión Política. Llevamos adelante la lucha de opiniones en forma tal que los métodos leninistas de trabajo no existen, hemos llegado al punto en que la libre expresión es coartada. La fraternidad ha desaparecido. Las reuniones se realizan en un ambiente tan hostil que producen una tensión perjudicial que obstaculiza la labor directiva. Podemos agregar a esto la falta de coordinación política y organizativa entre nosotros, los miembros de la Comisión Política.” 33 
     Posteriormente, Bravo hace una exposición en la que, en síntesis, afirma que, corrigiendo los errores, la lucha armada puede continuar y concluir con el triunfo de las fuerzas revolucionarias. En ese sentido, pasa de inmediato a exponer lo que debe ser la manera de llevar a cabo la lucha revolucionaria. Para todos los “douglistas”, entonces y ahora, la causa de la derrota, constituye la posición del Partido Comunista que no respaldó con la energía que era necesaria la guerra revolucionaria, a tal punto que esa ausencia de respaldo para algunos llegaba a la traición. Eso podemos inferirlo de las revelaciones de Jesús Alberto Díaz Suárez, el “Gordo Cuchú”: 
“...; ya habían surgido las discusiones ideológicas, el planteamiento o la efectividad de que si la guerrilla tenía vigencia, (pero era que nos estaban vendiendo por cuquitas).34 El partido nos estaba vendiendo por cuquitas y nosotros éramos unos muchachos inocentes, entonces se da el fenómeno que Douglas descubre la cuestión y entiende que era necesario dividirse para continuar la guerra. Douglas empieza a crear las bases y los aparatos para no dejar a los guerrilleros en el aire”. (p. 65) 
     No creemos que las causas de la derrota estén, a más de veinticinco años de la conclusión de los hechos, perfectamente dilucidadas. Sin embargo, reiteramos, no es ese el propósito de este trabajo. Al parecer, todavía no tenemos la suficiente distancia de los hechos para poder mirarlos desapasionadamente.

29 Blanco Muñoz Agustín. La Lucha Armada. Hablan cinco Jefes, p. 253.
30 Ibid, p. 323
31 Cidoc. Venezuela: La violencia. T 5. p. 321
32 Gott, Richard. Las guerrillas de América Latina, pp. 37-38.
33 Ibid, p. 43.
34 “Nos están vendiendo por cuquitas”, expresión de uso corriente en la región del Estado Falcón que equivale a “nos están cambiando por algo de valor insignificante”.

PARA QUE LA MEMORIA NO SE PIERDA. LOS MOTIVOS

VI.- LOS MOTIVOS 


    Los analistas de la socio-política coinciden en presentar un escenario para el año 1960 que comprende tres aristas conflictivas: 

a) La situación política: de permanente agitación en el interior de Acción Democrática por la implantación de una política por parte de Betancourt de conciliación de clases, marginando las aspiraciones del sector radicalizado (futuro MIR) que se pronunciaba por reformas profundas en la sociedad venezolana. El ideólogo fundamental de esta tendencia lo constituye Domingo Alberto Rangel. 

b) La situación social: agudizada por el descontento producido, especialmente en la capital por la derrota electoral del Contralmirante Larrazábal y la eliminación por parte de Betancourt del Plan de Emergencia. Los enfrentamientos se producen casi a diario en las calles de Caracas. Tanto en Caracas como en las principales ciudades del interior, los activistas de Acción Democrática constituyen bandas armadas que unidas a los cuerpos policiales reprimen las manifestaciones, manifiesta Jesús Díaz Suárez “El Gordo Cuchú” que: 
“A raíz del 60, tú te acuerdas, los adecos llegaban y asaltaban los sindicatos y salían con las bandas armadas a disolver las manifestaciones, entonces en la Juventud Comunista nos planteamos responder a esas agresiones, esa fue la idea inicial. Entonces, en las manifestaciones, siempre había un grupo organizado para responder a las agresiones de los adecos. Fíjate que hasta para vender Tribuna Popular teníamos que salir cuatro o cinco camaradas.” (p. 62) y Epifania Sánchez “La Negra Aurora” relata: “Después empezamos a fabricar esas casas, empiezan ya los adecos en el poder con las bandas armadas, a frenar el avance de las luchas populares, como una huelga de transporte que hubo, los muchachos que caen presos que los detienen en la DIGEPOL, en la Disip, en la bicha esa como se llama DIGEPOL si, este... los maltrataban, viene la detención de José Gregorio Rodríguez, después de eso ya empiezan las infiltraciones dentro del partido, nos toman la casa de Santa Ana, ahí hubo una explosión con una bomba que metieron y habían ciertos elementos que creo que estaban unidos a este gente ¿no? que eran los que llamaban sapos, la gente que estando dentro del Partido hacían dos tipos de trabajo, se decían revolucionarios y eran espías de este movimiento. Entonces se nombra un comité aparte clandestino.” (pp. 85- 86) 

c) la crisis económica a consecuencia de la baja de los ingresos petroleros, la fuga de capitales, la crisis de la industria de la construcción y el aumento del desempleo. 

d) la situación internacional: el triunfo de la Revolución Cubana y la política de hostigamiento del gobierno de los EE.UU. Este cuadro generador de descontento es enfrentado por el ejecutivo nacional y por el poder legislativo en forma violenta y en concordancia con los intereses del bloque de poder constituido y derivado del Pacto de Punto Fijo. El mismo se encontraba dirigido a la constitución de un nuevo modelo hegemónico, capaz de crear estabilidad político-social y adelantar un desarrollo económico modernizador (13). El Pacto se encontraba dirigido a: 

1.- Crear un sistema político que, garantizando una participación satisfactoria para los distintos agentes sociales, legitimase la acción del Estado imprimiéndole la estabilidad necesaria para llevar adelante el modelo de desarrollo. 

2.- Crear ciertas premisas que permitieran regular las condiciones socioeconómicas entre capital y trabajo, en el marco de una situación de desajuste económico y crisis fiscal. 

3.- Crear mecanismos concretos para el acceso institucional de los intereses de agentes e instituciones sociales. Este asunto significaba pautar cuotas de participación y responsabilidad de los agentes sociales en el aparato del Estado. 

    Para lograrlo era fundamental una alianza del sector político (AD, COPEI, URD) con el estamento militar, FEDECÁMARAS, la jerarquía eclesiástica y las cúpulas obreras controladas por AD, las cuales garantizarían la continuidad del Pacto de Avenimiento Obrero Patronal, firmado el 24 de Abril de 1958.28 

    A esta situación, pasado el tiempo, la guerrilla fue para los hombres que participaron en ella y que hoy la juzgan retrospectivamente una singular experiencia humana. En los recuerdos que aquí presentamos, podemos apreciar, por una parte, la convicción generalizada de que se trataba de una acción justa; que las desigualdades sociales eran generadas por una inicua explotación de los trabajadores por parte de un voraz capitalismo, cómplice de la actividad imperialista norteamericana; la carencia de sensibilidad social del régimen de Rómulo Betancourt y de quienes le siguieron, atentos sobremanera a complacencia de los poderosos, desoyendo los requerimientos de las masas populares; los compromisos de esos gobiernos con la política exterior norteamericana, que comprometían la soberanía nacional y olvidaban el sentir de patria; el carácter desmesuradamente represivo contra las protestas populares, eran más que sobradas razones para alzarse en armas. Al respecto resulta elocuente la expresión de Baudilio Loyo: 
“..., había razones para empuñar las armas. Fue justo. Si no las empuñábamos nosotros, otros las hubieran empuñado. La historia nos ha dado la razón; nos derrotaron, pero los vencedores acabaron con este país, lo arruinaron, lo empobrecieron y lo degradaron”. (p. 133) 
    Si la decisión de tomar las armas fue acertada o no es otro problema. En general, los entrevistados no tienen sobre esto convicciones firmes. Ello equivaldría a responder a la difícil cuestión de si los propósitos de los guerrilleros hubieran podido hacerse realidad por otros procedimientos. En todo caso, si fue un error o no, es algo que queda marginado por el orgullo de haber acertado en la calidad moral de la decisión. Consideramos ejemplar la opinión de Raúl Chirinos: 
“Si fue justo o no lo importante es que nos alzamos, que nos llenamos de sueños, que intentamos tomar el poder para construir una patria independiente y soberana. ¡Coño, que nos equivocamos: fue la equivocación más bella de nuestra vida!” (p. 219) 

     Al orgullo de haber participado en la guerra de guerrillas acompaña una grata memoria de los compañeros, de los compañeros caídos y los compañeros sobrevivientes. La guerrilla significó una gran experiencia de solidaridad que ha marcado muy fuertemente a quienes en ella participaron. Es lógico. En las situaciones de privación y desesperación, cuando aprietan el hambre o la persecución militar, los hombres que no claudican termina haciéndose individualmente más fuertes y colectivamente más solidarios, más interdependientes. Saben, aprenden que la vida de cada quien depende de todos. Los ejemplos de solidaridad abundan en estas entrevistas. La solidaridad con los caídos y su permanente recuerdo, es elocuente. Para nuestros entrevistados, la historia, aun la escrita por historiadores que simpatizan con el movimiento guerrillero, se ha mostrado injusta con los compañeros caídos. La impresión que tienen es que con imposibles excepciones, los caídos en los combates guerrilleros han caído también en el olvido. La memoria de esos hombres exige una reivindicación que empiece por rescatarla. Ramón Martínez, “El Gallinazo”, aplaude: “… que empiece alguien a escribir las verdaderas razones de lo que fue el movimiento, de la gente que estuvo ahí, de los muertos, de los cuales nadie habla; bueno, que diga la verdad, como debe ser. (p. 251) y más adelante, el mismo Gallinazo, sobre el mismo tema de la historia y de los muertos señala: 
“... que nadie escribe sobre ellos, aquí todo el mundo habla pa’ aparecer en los libros, pa’ aparecer en las historias, pero ellos no escriben la verdadera historia ni recuerdan a sus compañeros que cayeron: Arcadio Martínez, Arcadio Pérez Martínez, nombran claro a Miguel Noguera, porque tienen que nombrarlo, a Baltazar Ojeda ahora porque tienen que nombrarlo, pero hay mucha gente que cayó, que fueron compañeros combatientes de distintos estados de Venezuela... (p. 266) ... demasiada gente cayó y nadie los nombra”. (p. 267) 
    Así pues, no hay decepción ni sensación de tiempo perdido. Sienten que fueron derrotados en una guerra donde la derrota, como en toda guerra, es una posibilidad. Sólo reclaman hoy un mejor trato para los olvidados.

13 Véase además: Apalategi, Joxemartin Introducción a la Historia Oral, pp. 93-
28 González Navarro, José “Relaciones Laborales o Advenimiento Obrero Patronal”,

PARA QUE LA MEMORIA NO SE PIERDA. EL FRENTE JOSÉ LEONARDO CHIRINO


V.- EL FRENTE JOSÉ LEONARDO CHIRINO


     El Frente Guerrillero “José Leonardo Chirino” se considera fundado el 15 de Marzo de 1962, en la Hacienda “Los Evangelios” propiedad de la familia Bravo. Ese día se reunieron, con todas las manifestaciones de solemnidad que exigía el momento histórico y que permitían las condiciones del ambiente, Douglas Bravo, Primer Comandante del Frente, Juan Arenas, Iván Bravo “El Negro”, Miguel Noguera, Arcadio Pérez Martínez e Hilario Navarro (Choropo). La reunión ocurrió en la Sierra de San Luis, también conocida como Sierra de Iracara. Que este sea el acto de fundación del frente, corresponde precisamente a la apreciación del Comandante Douglas Bravo, según la entrevista que aquí se presenta más adelante (p. 12). Sin embargo, de estos hombres sólo Bravo formaba parte de lo que sería luego el comando del Frente. En el transcurso de los siguientes quince días se incorporaron como miembros de la Comandancia Teodoro Petkoff y Alejandro Mariño Suzzarini, y un grupo de combatientes entre los cuales destacan los nombres de José Manuel “Chema” Saher, hijo de quien para aquel el entonces era Gobernador en el Estado Falcón, Pablo Saher, Rómulo Valero, médico, y el joven Baltazar Ojeda Negretti. También estuvieron en esos días, transitoriamente, Alcides Hurtado Secretario General del Partido Comunista en el Estado Falcón quien a partir de Octubre de 1964 será el Comisario Político del Frente y Antonio José Urbina, “Caraquita”, Jefe de la Guerrilla Urbana en el mismo Estado. 

    El nombre escogido por los revolucionarios para bautizar su frente, José Leonardo Chirino, fue el de un esclavo negro que en 1795 se sublevó contra el poder español, en la hacienda “Las Macanillas”, cerca de Curimagua, en pleno centro de la misma sierra en que ahora, casi dos siglos más tarde, se declaraban en rebeldía este grupo de jóvenes contra el “imperialismo norteamericano y sus lacayos criollos”. 

    El Frente desarrolla su accionar combativo desde 1962 en la Sierra de San Luis, hasta el año 1966 cuando es transformado en columnas guerrilleras que se abren paso hacia Barinas en la búsqueda del Apure con el objetivo de conectarse con la guerrilla colombiana. La Comandancia del Frente queda constituida por Douglas Bravo, Teodoro Petkoff, Elías Manuit Camero, Polito Acosta Blanco, Elí Pérez (Leonardo Quintana), Alirio Chirinos y Domingo Urbina. El dos de Junio del mismo año, Petkoff regresa a Caracas y su lugar es ocupado por Alejandro Mariño Suzzarini. 

     A finales de 1962 el Frente está constituido por tres destacamentos: (a) el denominado posteriormente “Raúl Henríquez”, bajo la dirección de Baltazar Ojeda Negretti que opera en la zona de Curimagua y Cabure; (b) el Destacamento “Elpidio Padovani”, bajo la comandancia de Argenis González Bravo, que opera en la zona de La Cruz de Taratara y Aracua, y el Frente Sur dirigido por Domingo Urbina y como Comisario Político actúa Alirio Chirinos. A este frente pertenece Alejandro Mariño Suzzarini hasta el año 1965; al mismo se incorpora en Octubre de 1964 Lino Martínez “El Catire Rolando” de la Dirección Nacional del MIR, quien permanecerá en el mismo como jefe de la brigada hasta Marzo de 1965 cuando es llamado por la Dirección de su Partido para que se encargue de la Secretaría militar del mismo. El Frente Sur estaba organizado en tres destacamentos: el “Félix Adam”, el “Gustavo Aranda” y el “Guillermo Laap” del cual es Comisario Político, Rafael Rossell. Realizó operaciones en las zonas de Santa Cruz de Bucaral, el Norte de Lara y el Norte de Yaracuy. En 1965 se crea el Destacamento “Ibrahim Villasmil” que actúa en parte de la zona costera del Estado Falcón, comandado por José Mendoza (Bernardo) y Rafael Rossell (Blas). En 1966, al constituirse las columnas guerrilleras, Rafael Rossell, Eugenio Riera, Jeremías Barrios, José Mendoza y Fernando Lugo se trasladan a El Bachiller en el Estado Miranda, siguiendo instrucciones de la Dirección Política del MIR que aspira a un frente guerrillero propio. 

     El Frente “José Leonardo Chirino” dispuso además de una Comandancia Urbana entre Abril de 1963 y Diciembre del mismo año con funciones de logística y operaciones de saboteo. Constituían la comandancia: Antonio José Urbina “Caraquita”, Leopoldo Núñez y Rafael Rossell. Pensaban estos jóvenes que su lucha antiimperialista contemporánea era de algún modo una continuación de la lucha contra el colonialismo español. 

     Pensaban que la guerra anticolonial había constituido un fracaso, puesto que el resultado no había sido otro que la continuación de injusticias antiguas, las que ahora esta nueva generación de revolucionarios eliminando las clases sociales. Hoy, cuando el todavía reciente intento puede ser considerado ya definitivamente derrotado, creemos necesaria una mirada retrospectiva sobre ese breve pero importante período histórico. Una mirada que recaiga, no sobre los acontecimientos ya destacados por su propio brillo o por una hábil propaganda. Ni sobre los hombres más notorios de ese proceso, los comandantes militares y jefes políticos, sino especialmente, sobre los combatientes más o menos anónimos. 

     Por este motivo hemos entrevistado a un grupo de valientes y modestos combatientes del Frente Guerrillero “José Leonardo Chirino”. Ellos no ganaron el honor de la publicidad en la prensa de ninguna parte, que acaso destacaba las opiniones o las acciones de los comandantes y los dirigentes políticos. También los historiadores académicos han preferido destacar a los nombres más conocidos, por haber tomado las grandes decisiones o expuesto las grandes razones. Pero una historia basada exclusivamente en los grandes nombres -no necesariamente en los grandes hombres- será siempre una historia incompleta. El testimonio que aquí recabamos de estos combatientes tiene al menos un doble valor. Un valor histórico indudable, porque complementa la visión de los comandantes y dirigentes porque amplía la perspectiva de cualquier interpretación agregando la visión de quienes algunas veces por simple desprendimiento, y muchas más por carecer de la formación y cultura requeridas, tenían pocas posibilidades de decidir. Voluntariamente aceptaron un riesgo, y voluntariamente cumplieron las obligaciones que ese riesgo implicaba: fueron conscientes, y fueron fundamentalmente disciplinados. 

    Tienen también estos testimonios un indudable valor humano. Cuando hablamos del fracaso de la lucha armada atendemos sobremanera al fracaso de las organizaciones de los partidos que se embarcaron en la aventura. Los partidos, sin embargo, se adaptan a las nuevas situaciones, y sus dirigentes, a pesar de los grandes desgarramientos interiores, continúan en un quehacer que pronto se define como actividad profesional. Eso, al menos, es lo que hemos apreciado en la posterior actividad de los dirigentes y comandantes en derrota. El Partido Comunista, por una parte, y el MAS, por otra, heredero este último de partes del Partido Comunista y el MIR, se pliegan a la actividad normal de los partidos políticos tradicionales en el interior de un sistema democrático inconsistente. Douglas Bravo, disuelto su movimiento, el PRV, hace una vida política un tanto marginal en otro movimiento, Tercer Camino, de ideología ambigua o al menos heterodoxa. En todo caso buscaron continuar una actividad política a través de partidos o movimientos. Parecen haber asimilado la frustración, mediante una conducta, que si no es un olvido, parece al menos una sublimación. Para los combatientes que aquí entrevistamos, la guerra de guerrillas iniciada en los años sesenta sigue siendo una cosa viva en la memoria. Con la excepción de Douglas Bravo, -el único que obtuvo amplio renombre durante el tiempo de la guerrilla- y de Nicolás Jiménez Morales, los hombres que aquí entrevistamos se han puesto al margen de la presente actividad política convencional. No participan de partidos políticos. Sin embargo, ninguno ha perdido la sensibilidad social, la calidad moral que los llevó a empuñar las armas para lograr la justicia social que consideraban conculcada. Piensan, además, que esa lucha, quizás romántica o ilusa, fracasada por razones todavía discutibles, fue un gesto heroico de desprendimiento, de sacrificio personal, para la liberación de un pueblo oprimido; nunca, ninguno de esos combatientes pensó medrar con su sacrificio. Hoy, apartados ya de la vida violenta, hacen vida pacífica como honestos trabajadores; pero sin olvidar la necesidad de redención de Venezuela y sus hombres, por lo cual lucharon.

PARA QUE LA MEMORIA NO SE PIERDA. LA LUCHA ARMADA EN VENEZUELA

IV.- LA LUCHA ARMADA EN VENEZUELA


     La lucha armada en la Venezuela del sesenta es parte de la insurgencia en América Latina después del triunfo de los Revolucionarios Cubanos. Podemos caracterizar la lucha armada en América Latina como el enfrentamiento entre las vanguardias y los gobiernos nacionales apoyados por el imperialismo norteamericano. Este enfrentamiento armado concluirá en una gran derrota en nuestro subcontinente. 

     En los inicios de esa década Venezuela era gobernada por Rómulo Betancourt electo en los primeros comicios posteriores a la caída de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez y con el voto de amplios sectores del campesinado, del proletariado y de la clase media. 

     La victoria de Betancourt en el año 1958 no es casual. La misma es el producto de su larga trayectoria política que arranca desde la década de los 20 en la lucha contra la dictadura de Gómez y se extiende en el período postgomecista. En este lapso organiza grupos políticos como el (ORVE), el PDN y posteriormente Acción Democrática en el año 1941. Betancourt presenta un plan político y un programa para transformar la sociedad venezolana. Es además, un estudioso de la realidad nacional, un polemista de mucho peso y su mensaje tiene acogida entre los pobres de Venezuela. 

     Durante la segunda guerra mundial, mientras los comunistas venezolanos se dedicaban a la defensa de la Unión Soviética y a dirimir sus problemas internos, Betancourt y sus seguidores, por el contrario, se dedicaron a la defensa de los intereses de los obreros y a propugnar una reforma agraria para los miles de campesinos sin tierra en la Venezuela de entonces. 

   Acción Democrática es legalizada durante el gobierno del Presidente Isaías Medina Angarita. El partido fundado por Betancourt se transforma de una minoría muy activa, con presencia en los sectores urbanos y rurales del país en un movimiento con una estructura y una movilidad que trascienda a la forma de los partidos tradicionales. Es un partido con elementos de la estructura leninista. Al efecto, el Coronel Edito José Ramírez Rosales sostiene: 
“en las postrimerías del gobierno del General Medina Angarita existía una agrupación política que representaba una minoría, pero la mejor organizada y la que podía ostentar el título de luchadora infatigable e intransigente con los malos manejos de los gobiernos anteriores; voceaba además principios doctrinarios y reivindicaciones sociales que, al hacerse gobierno, terminaron por hacerse eco de las masas populares. Tal agrupación política era la que conocemos con el nombre de Partido Acción Democrática, legalizado por el Presidente Medina el 13 de septiembre de 1941”.14 

     El golpe de estado del 18 de Octubre de 1945, perpetrado por un grupo de militares y con la participación de Betancourt y su partido significó para él, el encuentro con un país que para ese momento era el primer productor mundial de petróleo, acompañado de grandes desigualdades sociales y con una población mayoritariamente rural. La demanda de petróleo por parte de los centros imperiales originó para Venezuela la entrada de millones de dólares, lo cual contribuyó a elevar el nivel de vida de los venezolanos y a iniciar el proceso de modernización con su secuela de urbanización. Se realizan inversiones en viviendas, escuelas, hospitales, carreteras, electrificación, etc. En consecuencia la renta petrolera en manos de la Junta de Gobierno presidida por Betancourt contribuirá a afianzar la influencia de Acción Democrática en el pueblo venezolano y a reafirmar su liderazgo. 

     La alianza entre el sector militar liderizado por Carlos Delgado Chalbaud, los hermanos Vargas y Marcos Pérez Jiménez con Betancourt y su partido continúa hasta las elecciones del 14 de Diciembre de 1947 donde es elegido presidente Rómulo Gallegos derrotando a Rafael Caldera (COPEI) y a Gustavo Machado (PCV). El mismo será derrocado el 24 de Noviembre de 1948 por un golpe incruento de las Fuerzas Armadas encabezadas por Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez. 

     La caída del gobierno de Gallegos se debió en gran medida a la oposición de los partidos Copei y URD, de sectores del medinismo y algunas compañías petroleras norteamericanas que se sentían discriminadas ante la manifiesta preferencia del régimen por las compañías petroleras del grupo Rockefeller, la Standard Oil of New Jersey. Es lo que sostiene la Comisión Ideológica del grupo Ruptura: 
“Su preferencia más evidente fue para la Standard Oil of New Jersey y para todo el grupo Rockefeller. Su práctica de arreglarse directamente con Rockefeller sin tomar en cuenta debidamente las otras intensas internas del imperialismo y de la burguesía proimperialista, provocó disgustos”.15 

    Unos días después del golpe, los copeyanos a través, de su periódico oficial, “El Gráfico”, celebraba la caída del gobierno: 
“Desaparecido de los cuadros oficiales el partido AD, que funcionó como una maquinaria causante de odios, enconos y pasión política el anhelo nacional es el de que se enrumbe la vida de la República con una justa valorización de cada sector de la opinión hacia un sentido constructivo alejado el país de los senderos de la demagogia y del sectarismo se desea un unánime esfuerzo que sume las voluntades venezolanas de todas las clases y sectores sociales hacia la satisfacción y (Sic) de las mayores necesidades populares”.16

     Otro factor que influyó determinantemente fue el descontento de las fuerzas armadas que se sintieron desplazadas por obra del sectarismo de Acción Democrática y por la pretensión, por parte de ese partido, según dijeron más tarde los militares golpistas, de controlar a las mismas fuerzas armadas: 
“Lograda definitivamente entre la posición integral del poder civil por Acción Democrática, la fracción extremista que ha controlado dicho partido, inició una serie de maniobras tendientes a dominar también a las Fuerzas Armadas Nacionales, tratando de sembrar entre ellas la discordia y la desunión”.17 

   El derrocamiento de Gallegos será el comienzo de una lucha desigual para Acción Democrática. La mayoría de sus dirigentes serán encarcelados y otros tomarán el camino del exilio y muy pocos regresarán al país. Al efecto Sanín afirma: 
“Por supuesto el objetivo fundamental de la Junta era la liquidación de Acción Democrática a través de la represión brutal. Poco a poco los adecos fueron reivindicándose en la resistencia por su valor físico y moral. Primero fue la prisión o expulsión de casi todos los ministros de Gallegos y de casi toda la directiva del partido. Los primeros presos fueron los ministros Edmundo Fernández, Manuel Pérez Guerrero, Raúl Leoni y Ricardo Montilla. (...) Fueron enviados a la Cárcel Modelo Luis Beltrán Prieto Figueroa, Leonardo Ruiz Pineda, Juan Pablo Pérez Alfonzo y Eligio Anzola Anzola; y así mismo el Gobernador del Distrito Federal Alberto López Gallegos. También fue detenido Gonzalo Barrios”.18 

    Sin embargo, un grupo muy pequeño, entre los que podríamos mencionar a Alberto Carnevali, Antonio Pinto Salinas y Leonardo Ruiz Pineda se quedarán en el país y pagarán con sus vidas el intento de reconstruir el aparato partidista. 

     Los diez años de gobierno dictatorial dirigido por Marcos Pérez Jiménez, desde el punto de vista material, significaron un salto gigantesco en la modernización de Venezuela. Grandes son las obras materiales que dejó el régimen del nuevo ideal nacional. Sin embargo, desde el punto de vista político, de la libertad de expresión, de la organización sindical independiente, Venezuela era un enorme campo de concentración, con cientos de presos políticos principalmente del Partido Comunista y Acción Democrática. La represión que en un principio se realizó contra la dirigencia de Acción Democrática, a partir de la huelga petrolera del 50 también fue dirigida contra los comunistas, Jesús Farías y Rafael Gallegos Mancera permanecerán en prisión hasta Enero del 58 y los Machado en el exilio, al igual que cientos de militantes comunistas. Pompeyo Márquez y los García Ponce reconstruirán el pequeño aparato comunista y lo convertirán en un partido batallador. 

     A pesar de los duros golpes recibidos por la represión la organización partidista de Acción Democrática se reconstruye y a partir del año 1956 la generación del 45, entre los que podríamos mencionar a Simón Sáez Mérida, Carmelo Laboritt y Roberto Ostos Poleo, más un grupo de jóvenes entre los que mencionaremos a Moisés Moleiro, Lino Martínez, Américo Martín, Rafael José Muñoz y Julio Escalona toman en sus manos la conducción del aparato partidista. Estos jóvenes en la clandestinidad establecieron lazos estrechos con los militantes del Partido Comunista y la mayoría de ellos serán los dirigentes del MIR en los años 60. 

     Al producirse el derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez como producto de una alianza de clases, donde participaron la burguesía, sectores de las Fuerzas Armadas; los partidos políticos Acción Democrática, Copei, Unión Republicana Democrática, el Partido Comunista y la iglesia; en Venezuela comienza un extraordinario ascenso de las masas quienes toman la calle y participan activamente en las movilizaciones y en los enfrentamientos de aquel entonces. 

     Mientras esto ocurría en Venezuela, Fidel Castro desarrollaba la guerra de guerrilla en Cuba, que en un período relativamente corto le llevó al triunfo sobre el gobierno de Fulgencio Batista. El triunfo de Castro y los revolucionarios cubanos se convertirá en el paradigma para las vanguardias de todo el continente. Abrió las posibilidades de una lucha de las vanguardias, quienes se lanzan a la conquista del poder. 

     En las elecciones de Diciembre de 1958, resultó triunfador Rómulo Betancourt y el partido Acción Democrática, derrotando al Vicealmirante Wolfgang Larrazábal, quien había encabezado la Junta de Gobierno que gobernó a la caída de Pérez Jiménez, y a Rafael Caldera, candidato presentado por el partido Copei. Larrazábal, segundo en número de votos, había sido presentado como candidato por una amplia alianza en la que se encontraban los partidos URD y PCV y un gran sector de independientes. 

     La derrota de Larrazábal, quien triunfó en Caracas y los Estados centrales, provocó en esos lugares una gran agitación popular que pretendía el desconocimiento de los resultados electorales. Al respecto dice Ramón J. Velázquez: 
“Algunos sectores del larrazabilismo caraqueño no quisieron conformarse con los resultados electorales y en la noche del lunes 8 (de diciembre), grupos amenazantes invadieron los alrededores del Palacio Blanco en plan de franca protesta. Durante el curso de la semana, continuaron las manifestaciones y tanto la Guardia Nacional como la policía tuvieron que enfrentarse a los manifestantes impidiendo su acceso a la sede del Consejo Supremo Electoral”.19 

    Es de suponer que muchos militantes comunistas y algunos cuadros medios hayan participado en esos disturbios. Sin embargo la alta dirección del partido reconoció de inmediato el triunfo de Betancourt y, lo mismo que los demás partidos, llamó al restablecimiento de la calma y al restablecimiento de los resultados. Es de nuevo Ramón J. Velázquez quien nos da testimonio: 
“La actitud categórica asumida por el Presidente Sanabria y la junta unida a la posición del Coronel Marco Aurelio Moros, Comandante del ejército y al rechazo del PCV a los planes de desconocimiento de los resultados electorales que un grupo de exaltados políticos abrigó en los primeros momentos, puso fin a los rumores y a las manifestaciones”.20 

     Betancourt tomó formalmente posición de la Presidencia de la República de Venezuela el 13 de Febrero de 1959, con el más amplio respaldo que ha tenido gobierno alguno. Formó gobierno con URD y Copei, partidos estos que junto con AD e independientes, ocuparon diversos ministerios en el gabinete. El acuerdo de los tres principales partidos se extendió al poder legislativo, donde se repartieron equilibradamente los cargos directivos del congreso y las asambleas legislativas de los Estados. Con igual equidad se repartieron los distintos cargos del poder Judicial y las gobernaciones de los Estados. Esta actitud amplia de los vencedores, es decir, de Betancourt y su partido Acción Democrática, fue consecuencia del llamado “Pacto de Punto Fijo”, firmado por los tres partidos en la Quinta Punto Fijo, residencia del entonces líder copeyano Dr. Rafael Caldera, el 31 de Octubre de 1958. Este pacto tenía el fundamental propósito de lograr la estabilidad política y la secuencia democrática al respecto nos dice Ramón J. Velázquez: 
“Reconocían los partidos signatarios del Pacto, que no obstante las gestiones realizadas en busca de un candidato de unidad, tal empeño había fracasado, pero que AD, URD y Copei estaban interesados por igual en la consolidación de la unidad democrática y en garantizar una tregua política sin perjuicio de la autonomía organizativa y caracterización ideológica de cada grupo político”.21

    Del Pacto de Punto Fijo fue excluido el Partido Comunista de Venezuela. Ya desde su llegada del exilio Betancourt arremetió contra los comunistas a pesar de que estos habían actuado al lado de los adecos en la clandestinidad, y su parte en la resistencia y en los días decisivos de Enero de 1958 fue ampliamente significativo para el derrocamiento de Pérez Jiménez. Betancourt se erigió así en el líder del anticomunismo venezolano y más tarde lo sería del latinoamericano AD, siguiendo las mismas pautas, se convirtió también en enemigo fundamental de sus antiguos compañeros de infortunio. En la campaña electoral, se ocupó en gran medida en atacar a los comunistas lo cual tuvo su remate en el discurso de toma de posesión allí dijo Betancourt: 
“En el transcurso de mi campaña fui explícito en el sentido de que no consultaría al Partido Comunista para la integración del gobierno y en el de que, respetando el derecho de ese partido a actuar como colectividad organizada en el país, miembros suyos no serían llamados por mi para desempeñar cargos administrativos en los cuales se influyera sobre los rumbos de la política nacional e Internacional de Venezuela. Esta posición es bien conocida de los venezolanos; y la fundamentaron los tres grandes partidos nacionales en el hecho de que la filosofía comunista no se compagina con la estructura democrática del Estado venezolano, ni el enjuiciamiento por ese parado de la política internacional que debe seguir Venezuela concuerdo con los mejores intereses del país”. 22 

    Superado el problema de la elección presidencial, surgían entonces los problemas prácticos del gobierno. En muchos lugares del país, empezó a exigírsele al nuevo gobernante el cumplimiento de las promesas hechas durante la campaña electoral, específicamente en el plano de la reforma agraria, bandera política de Acción Democrática desde mucho antes de su posible ascenso al poder. En el mes de Abril del año 1959, Rómulo Betancourt tuvo que enfrentar el problema de las ocupaciones de tierras por parte de un importante movimiento campesino en diferentes partes del país. El nuevo gobierno se ve obligado a hacer concesiones al campesinado empezando a hacer reparticiones de tierras, especialmente en los estados Carabobo, Aragua, Portuguesa, Lara y Monagas.23 

     Ya en los primeros meses del año 59, habían empezado en las principales ciudades del país importantes agitaciones entre obreros y empleados de diversa índole. Así las huelgas de pilotos de la aviación civil, de la marina mercante y de los trabajadores de la caña. Así pues, el gobierno de Betancourt se inicia con un cuadro conflictivo compuesto por las exigencias de los trabajadores de las distintas ramas que imaginaban que el nuevo sistema democrático era el medio de colmar sus viejas exigencias de justicia social y de bienestar material. 

     Todo esto hacía mostrar un cuadro de insatisfacción popular, de una inquietud popular, que era fácil caldo de cultivo para los intentos revanchistas y de regreso de las fuerzas vinculadas al perezjimenismo, enemigos tradicionales del presidente y del partido de gobierno. Existía una fuerte tendencia claramente a favor del dictador recientemente caído, a pesar del sentimiento mayoritario hacia una convivencia democrática. 

     De tal manera, contra el gobierno de Betancourt, ciertamente apoyado por la mayoría de las fuerzas decisorias, vale decir, los partidos AD Copei y URD, y las bases militantes de esos partidos, las fuerzas económicas y las fuerzas armadas, se enfrentaron cada cual a su manera y por separado, las fuerzas de la extrema izquierda y la extrema derecha. 

     Momento significativo en este ambiente de confrontaciones fue la manifestación iniciada en la plaza de la Concordia de Caracas por obreros del llamado Plan de emergencia, manifestación que degeneró en importantes actos de violencia. 

    El plan de emergencia fue una medida tomada por la Junta de Gobierno que sustituyó a Pérez Jiménez para enfrentar el problema de desempleo en Caracas; por ejemplo, veintidós mil quinientas personas24 asistían regularmente a unas taquillas de pago donde se les entregaba un salario de desempleado. El saldo de los actos de violencia del 4 de Agosto fue de 3 muertos y setenta heridos, como consecuencia de la feroz represión policial. Al cabo de ese día so suprimió oficialmente el plan de emergencia.25 Estas protestas populares, fueron las primeras movilizaciones de masas contra el régimen de Betancourt, y de hecho, los primeros enfrentamientos violentos entre los comunistas y el Régimen. Los comunistas fueron oficialmente acusados de promover las movilizaciones y la violencia que en ellas ocurrieron por boca del Ministro de Relaciones Interiores Luis Augusto Dubuc.26 

     La manifestación del 4 de Agosto fue un efecto del creciente desempleo que se había generado a partir de 1958, con el advenimiento del régimen democrático y la consecuente desactivación de la vida económica del país, por la que se suspendieron muchos planes previstos por la dictadura derrocada. Como consecuencia inmediata se iba a producir el primer decreto presidencial de suspensión de garantías que habría de caracterizar todo el gobierno de Betancourt, aunque por ahora sólo limitado al Distrito Federal y Distrito Sucre del Estado Mirando y sólo por treinta días. 

    A la situación de agitación social producto del creciente desempleo, se agrega un debilitamiento de la base de respaldo al gobierno. Bastante significativo es que este debilitamiento se manifieste también en el propio seno del partido gobernante. En Octubre de 1959 se realiza en Caracas la Convención Nacional de Acción Democrática. Esa Convención se caracterizó por el enfrentamiento de dos generaciones y dos concepciones políticas distintas que más tarde tomarían, cada cual, causes igualmente distintos. El grupo generacional más joven estaba encabezado por Simón Sáez Mérida, último Secretario General durante la resistencia; se orientaba hacia una concepción socialista bastante marcada por el marxismo leninismo, proclamaba la adopción de medidas urgentes a favor de las masas populares y criticaba la política pro-yankee y anticomunista del gobierno. El otro grupo, “la vieja guardia”, estaba integrado por los fundadores del partido, la mayoría en el exilio durante la dictadura; respaldaba incondicionalmente a Betancourt y su gobierno. En la confrontación, los viejos derrotaron a los jóvenes. El sector de jóvenes, que había dirigido la lucha final contra Pérez Jiménez, y que en el momento de la caída de la dictadura tenía el total control de los cargos directivos, quedó reducido al control del Buró Juvenil. De hecho este es el principio o de una lucha generacional que posteriormente dividirá al partido y dará nacimiento al MIR, el cual al lado de los comunistas, asumirá la lucha armada para asaltar el poder. 

     En el mismo mes de Octubre, otro elemento se suma a la debilidad del gobierno, cuando se inicia una ola terrorista promovida por antiguos afectos a la dictadura, y se denuncia, por parte del Ministro de Relaciones Interiores, Luis Augusto Dubuc, el descubrimiento de un movimiento conspirativo para derrocar al régimen. Finalmente, el partido URD amenaza con separarse del gobierno por no estar de acuerdo con la política anticomunista del régimen, y cuestiona la legalidad de algunas medidas tomadas por el gobierno entre sus enemigos políticos, en especial las llamadas medidas de “alta policía”. 

    La división del partido Acción Democrática se consumó el 8 de Abril de 1960, en Maracaibo, donde en un mitin un grupo disidente se declaró abiertamente como movimiento socialista de orientación marxista leninista, que se legalizará en agosto de mismo año como Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR. Las causas cercanas de la división fueron sendos artículos de prensa publicados por Domingo Alberto Rangel y Américo Martín, en los cuales el primero criticaba el contrato petrolero firmado por líderes sindicales de AD, y el segundo, establece incómodas analogías entre el APRA del Perú y el Partido Acción Democrática. La dirección partidista respondió pasando del Tribunal Disciplinario a Rangel y a Martín; esto produjo la insubordinación del Buró Juvenil, el cual fue inmediatamente suspendido. 

     Por otra parte, continuaban las conspiraciones de derecha. El 20 de Abril de 1960, el General Jesús María Castro León se insurreccionó en San Cristóbal tras tomar el control del Cuartel Bolívar, de esa ciudad. Los motivos expuestos por Castro León resultaban a todas luces risibles, pues acusaba entre otras cosas, a Betancourt de connivencia con el comunismo; al día siguiente desistió de su intento tras constatar que el resto de los cuarteles del país, que él esperaba que se sumarían a la rebelión, no lo hacían. Fue capturado por unos campesinos, junto con otros tres insurrectos, mientras intentaba pasar la frontera hacia Colombia. 

     El 24 de Junio de 1960, aniversario de la batalla de Carabobo, mientras se dirigía hacia el presídium del desfile militar conmemorativo, un automóvil estacionado hizo explosión al paso del automóvil presidencial. La explosión produjo la muerte del edecán y leves heridas al presidente. La investigación posterior reveló que el atentado había sido tramado desde Santo Domingo por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, tradicional enemigo de Betancourt. 

     El 16 de Noviembre, URD se retira del gobierno. Así concluye una colaboración que se había caracterizado por su fragilidad, que se había manifestado en desacuerdos frecuentes sobre la aplicación de la política de orden público, la política anticomunista de Betancourt y en la política internacional, en especial en lo que tenía que ver con la revolución cubana de Fidel Castro. El 26 de Agosto se reúne en San Juan de Costa Rica la VII Reunión de consulta de los Cancilleres Americanos, la cual condenan la intromisión en el continente de potencias extracontinentales, aludiendo obviamente a China y la URSS, que mantenían estrechas relaciones con el régimen cubano. La delegación de Cuba se retira de la reunión, y el Canciller venezolano Ignacio Luis Arcaya, por instrucción de su partido URD, renuncia a la presidencia de su delegación para no verse obligado a votar la resolución, obviamente dirigida contra Cuba. A su regreso a Venezuela, Arcaya renuncia a la cancillería y URD pone a disposición del presidente todos sus ministerios y gobernaciones. 

     El 14 de Octubre de 1960, el semanario “Izquierda”, órgano del MIR publica un editorial que ha sido considerado por algunos como la declaración pública de la guerra revolucionaria contra el régimen democrático. De hecho, es una invitación a la insurrección popular. Después de señalar que no hay otra salida posible para la crisis presente que un cambio de gobierno inmediato, señala que el momento oportuno para la caída del gobierno depende de la decisión de las masas populares. El gobierno decide detener a los redactores del semanario por lo cual se inicia una serie de protestas y actos de violencia que se extenderá desde Caracas a través del país durante el resto de Octubre y hasta los primeros días de Diciembre. Fue tal la magnitud de los acontecimientos que se llegó a pensar que en efecto se produciría la caída del gobierno por obra de lo que se consideró una verdadera insurrección popular. Para detener los disturbios, Betancourt suspende las garantías constitucionales en todo el país después de asegurarse el apoyo de todos los partidos -naturalmente con excepción del MIR y el PCV-, sindicatos, fuerzas armadas, el clero, fedecámaras, etc. El país recobra la calma el dos de Diciembre, cuando en la UCV cercada desde hacía días por todo tipo de fuerzas del gobierno es desalojada pacíficamente. El balance de Octubre y Noviembre fue de 19 muertos, 300 heridos, y sinnúmero de daños materiales de todo tipo. Se suspendieron indefinidamente “Izquierda” y “Tribuna Popular”, que pasaron a editarse clandestinamente. 

     En Febrero de 1961, controlada en gran medida la agitación de signo izquierdista, el 20 se produce la insurrección del Coronel Edito Ramírez en la Escuela Militar de Caracas. Ramírez censuraba a Betancourt por no ser suficientemente eficaz en la lucha contra el comunismo. El golpe ya había fracasado al día siguiente. En igual suerte, el 26 de Junio se subleva en el cuartel “Pedro María Freites” de Barcelona el Mayor Luis Alberto Vivas Ramírez y los capitanes Rubén Massó y Tesalio Murillo. En Marzo de 1961, se reúne el III Congreso del PCV. En el se aprueba la tesis de la necesidad de un cambio inmediato de gobierno, aunque no una posición insurreccional. Se pretende lograr la renuncia de Betancourt, el cual en su oportunidad dirá: “ni renuncio ni me renuncian”. 

     La invasión de Cuba en Playa Girón por parte de exiliados cubanos con ayuda del gobierno norteamericano, inmediatamente derrotada por las fuerzas de revolución, y las medidas tomadas luego por el gobierno de Fidel Castro, repercutieron en Venezuela originando manifestaciones que fácilmente degeneraron en actos de violencia. 

     La invasión por Playa Girón provoca en Venezuela nuevos disturbios, pues el tema cubano es tema de contrastaciones. Por una parte están quienes respaldan a los revolucionarios en nombre de la autonomía antiimperialista; por otra parte, quienes se les oponen por representar la quinta columna del comunismo soviético. 

     El 9 de Abril de 1961, hay manifestaciones en El Silencio con saldo de un muerto y diez heridos.27 Entre tanto, también se hacen agudas las diferencias entre los gobiernos de Cuba y Venezuela, al punto que el 11 de Noviembre Betancourt anuncia el rompimiento de relaciones diplomáticas. Con esta decisión recrudeció la violencia en todo el país. El 26 de Noviembre un grupo de militantes de la Juventud Comunista secuestra un avión de la línea aérea Avensa, que partía de Maiquetía, y después de sobrevolar Caracas y arrojar volantes impresos, lo llevaron a la isla de Curazao. Fue ese el primer secuestro de un avión en Venezuela, primero también de una larga secuencia que se extenderá a lo largo de toda la lucha armada. A los pocos días el gobierno ordena el allanamiento de los locales del MIR y el PCV. 

     El año 1962 se inicia con nuevos brotes de violencia callejera en las ciudades, en especial en Caracas. Las motivaciones inmediatas son la reunión de Cancilleres en Punta del Este, donde se esperaba que se tomaran medidas contra el gobierno de Fidel Castro en Cuba, entre las cuales se rumoreaba la posibilidad de una nueva invasión con apoyo de la OEA. Las principales acciones violentas se protagonizaron en la Ciudad Universitaria de Caracas, desde donde hombres armados disparaban contra la policía y las fuerzas armadas. En el Estado Táchira una huelga de choferes, que protestaban contra la obligación de contratar un seguro de responsabilidad civil, de generó rápidamente en actos de violencia, aparentemente causados por la manipulación del MIR y el PCV. 

     El 27 de Marzo, el ministro de la defensa anuncia el primer descubrimiento de un campamento guerrillero; ello ocurre en Turimiquire, Estado Sucre, a principios de febrero, y que luego se habían detectado grupos armados en La Azulita, Estado Mérida; en la Sierra de Coro, en el Estado Falcón; y en los estados Portuguesa y Trujillo. 

     El 4 de Mayo se sublevó en Carúpano el Batallón de Infantería de Marina No. 3. El jefe del movimiento era el Capitán de Corbeta Jesús Teodoro Molina Villegas. Este movimiento, que vino a conocerse luego como “El Carupanazo”, fue el primer alzamiento militar en Venezuela con signo izquierdista. Con los militares estaban comprometidos el MIR y el PCV. Cuando al día siguiente fue vencida la sublevación, junto con los militares rebeldes fueron detenidos numerosos civiles militantes de esos partidos, entre ellos el Diputado del PCV Eloy Torres. Con motivo del Carupanazo, el mismo 4 de Mayo el gobierno suspende nuevamente las garantías constitucionales, se prohibieron las funciones del MIR y el PCV, y se ocuparon todos sus locales y archivos. 

     El 2 de Junio en la Base Naval de Puerto Cabello estalla otra insurrección militar cuyos jefes son los Capitanes de Navío Manuel Ponte Rodríguez y Pedro Medina Silva y el Capitán de Corbeta Víctor Hugo Morales. Este movimiento conocido luego como “El Porteñazo”, al parecer estaba preparado para ocurrir junto con “El Carupanazo”, pero al fallar la coordinación el movimiento no se produjo en el momento oportuno. Vinculado también al MIR y al PCV, esta insurrección fue singularmente sangrienta. Los militares insurrectos pusieron en libertad y armaron a unos cien guerrilleros presos en el Castillo de Puerto Cabello, los cuales enfrentaron a las fuerzas leales al gobierno, causándoles muchas bajas. 

    Los acontecimientos de Carúpano y Puerto Cabello marcaron el punto crítico de la confrontación del MIR y el PCV con el gobierno de Betancourt y sus sucesores en la presidencia. Quedaban perfectamente definidos los bandos, con un gobierno decidido a acabar con los insurrectos por todos los medios, y unos insurrectos en la clandestinidad decididos a derrocar por las armas al régimen democrático; para ello, inmediatamente después de Carúpano y Puerto Cabello fundan las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.


14 Ramírez Rosales, Edito. El 18 de Octubre y la problemática venezolana actual (1945-l979), p. 66.
15 Comisión ideológica de Ruptura. El Imperialismo petrolero y la Revolución Venezolana T-2, p. 250.
16 Rodríguez José. ¿Quién Derrocó a Gallegos?, p. 164.
17 Ibid, p. 159.
18 Sanin. Los adecos al poder, p. 142.
19 Velázquez Ramón J. Venezuela moderna, p. 183.
20 Ibid, p. 183.
21 Ibid, p. 179.
22 Ibid, p. 181.
23 CF. Ramón J. Velázquez. Venezuela moderna, p. 176.
24 Ramón J. Velázquez. Ob. cit., p. 193.
25 CF Ramón J. Velázquez. Ob. cit., p. 193.
26 Ramón J. Velázquez. Ob. cit., p. 193 
27 Ramón J. Velázquez. Ob. cit., p. 193.