domingo, 16 de agosto de 2015

PARA QUE LA MEMORIA NO SE PIERDA. LA DERROTA

VII.- LA DERROTA 

  La derrota política y militar del Frente “José Leonardo Chirino” se encuentra indisolublemente unida al fracaso de la lucha armada en Venezuela, en el período que empieza en 1960 con el inicio de la autodefensa armada, en 1961 con la constitución de los primeros núcleos guerrilleros en El Charal dirigido por Lunar Márquez y Juan Vicente Cabezas, en 1962 el grupo de Humocaro comandado por Argimiro Gabaldón al cual se incorpora Lunar Márquez y otros que vienen de El Charal y el grupo de Aroa dirigido por Luben Petkoff y el de La Azulita en el Estado Mérida, cuyo jefe iba a ser Alfredo Maneiro, quien no llegó a subir. En ese intento de La Azulita fue herido y tomado prisionero Agustín Blanco Muñoz, quien luego se escapará durante El Porteñazo y permanecerá refugiado en la residencia No. 1 de la Ciudad Universitaria de Caracas en la habitación PB-12. 

    La falta de éxito del llamado a la abstención electoral y el triunfo de Raúl Leoni en el año 1964 plantea en el seno del Comité Central del Partido Comunista el inicio de la discusión sobre una posible tregua en el campo militar. Se logra su puesta en práctica durante nueve meses y en ese período surgen tendencias que se plantean la pacificación y el fin de las acciones armadas. En Abril del año 1965 y en el VII Plano del Comité Central se elabora la confusa táctica de la “paz democrática” que en verdad nadie entendió por cuanto por un lado plantea la búsqueda de vías que abran canales para la participación legal en la relación con las masas populares y superar de esta forma el aislamiento de la izquierda y por la otra refuerza las tesis guerreristas del VI Pleno. 

    La tesis del repliegue había sido planteada en 1964 por Domingo Alberto Rangel quien de inmediato se separa del MIR. Según Teodoro Petkoff y Guillermo García Ponce, los cuales se encontraban presos en el San Carlos, esta idea empieza a materializarse y se refuerza con la caída de El Garabato y el asesinato de Alberto Lovera: “Yo por ejemplo, creo que el momento en que nosotros decidimos el repliegue fue el día en que mataron a Lovera y cayó El Garabato, dos cosas que fueron simultáneas”.29 “La caída del Garabato significaba que el movimiento estaba aislado, sin recursos logísticos de ningún tipo... la muerte de Lovera resume esencialmente el costo en sangre que significaba todo esto para el Partido”30    Considerados como el aspecto crucial el diseño táctico de la “paz democrática”. El mismo produce la separación del MIR, el cual mantenía su alianza con el PCV. En 1965 la comunicación enviada desde el Cuartel San Carlos, firmada por Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff y Freddy Muñoz donde reconocen la derrota y la necesidad del repliegue. Esta posición no es aceptada por la casi totalidad de los dirigentes de los frentes armados, lo cual puede constatarse en El Manifiesto de Iracara, la comunicación enviada por Elías Manuit Camero con el pseudónimo de Amadeo, firmada en la Sierra de Falcón el 12 de Junio de 1966 y la comunicación del Comandante Arauca (Francisco Prada) desde el Frente Guerrillero de los Llanos, el 21 de Junio de 1966.31 

    En ese mismo año, Douglas Bravo es separado del Buró Político del PCV y lo acompañan Luben Petkoff, Edgar Rodríguez Larralde, Freddy Carquéz, Elías Manuit Camero, Francisco Prada y otros. Asumen el nombre FLN-FALN, pasando Fabricio Ojeda a la Presidencia del FLN. 

    En consecuencia, el repliegue militar unido a la política de pacificación instrumentada por el primer Gobierno de Rafael Caldera y el desarrollo del mesianismo, el foquismo y la ausencia de una base social debilitan al movimiento hasta su total desaparición. 

    La razón de la derrota no es entre los entrevistados objeto de análisis exhaustivo. Se puede decir que en última instancia, la posición de cada uno frente al problema depende de la posición que tomaron en el momento en que el PCV asumió la táctica de la “Paz Democrática”, a mediados de 1965, que se proponía la desmovilización de los frentes guerrilleros y la liquidación de la lucha armada. Según Douglas Bravo esa decisión del PCV provocó la decisión que permitió a su vez la formación de un grupo, en 1966, liderizado por él, que tomó sucesivamente las designaciones del FLN-FALN y PRV, y que luego, en 1972, tomará aspecto legal bajo la denominación de RUPTURA. 

    El Partido Comunista de Venezuela, en su pleno de Julio - Agosto de 1965, hizo un balance de lo que hasta ese momento había sido la lucha armada. Aparte los eufemismos, se puede decir que las “resoluciones”, producto de ese pleno, declaran simplemente la situación de derrota en que se encuentra esa lucha como consecuencia de gravísimos errores en su concepción y ejecución. En primer lugar señalaba la derivación militarista que centraba las tareas en lo estrictamente militar, desatendiendo los necesarios aspectos propiamente políticos, legales y pacíficos. Señalaba, también, que la lucha armada no había logrado el apoyo popular necesario, ni en el campo ni en la ciudad, por lo cual había degenerado en una simple lucha de vanguardias. Asimismo, los cuerpos militares de la revolución evidenciaban una singular ineficacia militar, e ineficacia en las tareas políticas, no militares, como la obtención misma del apoyo popular. Esos mismos cuerpos mostraban carencia de cuadros adecuadamente entrenados, y carecían también del armamento mínimo indispensable para operaciones militares sostenidas y exitosas. La guerra revolucionaria se encontraba simplemente, en una fase irreversible de estancamiento que además comprometía las posibilidades de otras formas legales de lucha, y la supervivencia misma de los partidos comprometidos en ella, vale decir, al Partido Comunista y el MIR.32 

    De los entrevistados, Alejandro Mariño Suzzarini, Heberto Oráa, Nicolás Jiménez, Noel Sirit, Ignacio de Jesús Goitía, Francisco Sosa, es decir, seis de catorce, en el momento de la escisión de Douglas Bravo permanecieron alineados con el Partido Comunista y acataron la decisión de desmovilización. Sin embargo, esa desmovilización, no se produjo de inmediato. Lo que de inmediato ocurrió fue la separación física de los militantes comunistas del Frente Guerrillero “José Leonardo Chirino”, el cual quedaba así integrado solamente por los seguidores de Douglas Bravo. Los militantes comunistas fueron trasladados a las ciudades o a otros frentes guerrilleros que permanecían fieles a las directivas del Comité Central. Estos frentes guerrilleros continuaron funcionando en actitud defensiva a la espera de la definitiva concreción de la paz y de la incorporación a la vida legal, hasta 1967. 

  Alejandro Mariño Suzzarini bajó de la Sierra en 1965, aquejado de una molesta enfermedad. Ese mismo año, para seguir tratamiento médico apropiado y tomar cursos de especialización militar, fue enviado al extranjero por el Partido. Estuvo en la Unión Soviética, China, Vietnam del Norte, Checoslovaquia y Cuba. Al regresar a Venezuela en 1967, efectuada ya la separación de Douglas Bravo, se incorpora al Frente Guerrillero “Simón Bolívar”, que operaba en una zona de confluencia de los estados Lara, Portuguesa y Trujillo, y que comandaba en ese momento Tirso Pinto. Ese mismo año se completó la desmovilización del frente, y los combatientes más notorios pasaron a hacer vida clandestina en las ciudades. Se vinieron a incorporar plenamente a la vida legal en 1969, en el gobierno de Rafael Caldera. 

    A pesar de la decisión de desmovilización del Partido Comunista, muchos fieles militantes abrigaban, aun dentro de las estructuras del partido, la esperanza de continuar la lucha guerrillera. Esto es lo que se desprende de las declaraciones de Mariño. 
“Llego a Venezuela y trato de cumplir lo más disciplinadamente con la línea del partido, me entrevisto con Teodoro Petkoff quien se había fugado del San Carlos y me propone que me dediqué a la tarea de la reconstrucción del partido que había sido muy golpeado par la represión y por la división del “douglismo”. Le digo a Teodoro; -mire, camarada, yo soy un guerrero, yo sé de guerra, ustedes me han mandado al exterior a estudiar el arte de la guerra, yo no soy un organizador, soy un guerrero-. El Partido Comunista mantenía todavía el Frente “Simón Bolívar” y me envían a la montaña, pero antes de irme veo a mi familia y algunos compañeros a quienes tenía muchos años que no veía, converso con ellos y les manifiesto que seguiremos en la lucha, que veníamos a reforzar el Frente y les pedí la solidaridad para continuar en la lucha. Teodoro Petkoff me dice: -Bueno Mariñito, si te quieres ir para el monte, que te vaya bien-.” (p. 302-303) 
   Así pues, muchos combatientes, militantes del PCV, siguieron a regañadientes las directivas del partido, pues estaban convencidos de que era posible continuar exitosamente la lucha armada. Pero privó en ellos, por encima de todo la disciplina marxista-leninista en que se habían formado, la altísima valoración del partido que el partido les había inculcado. Con el tiempo, han venido a dar la razón a quienes en el partido promovieron la liquidación de la lucha armada. El mismo Mariño es testimonio de ello: 
“Yo había lanzado una consigna que después Teodoro y Pompeyo me reclamaron. ¡Primero muertos que bajar!.. Hoy, que estoy conversando contigo, pienso que la decisión del partido fue correcta, pues no teníamos base social, los campesinos estaban al pie del monte, al pie de la cordillera o en pueblos como, la Miel, Acarigua.” (p. 303-304) 

   A la resolución del VII Pleno del Comité Central del partido, en el cual no había participado, Douglas Bravo respondió enviando una carta al mismo Comité Central para exponer su personal apreciación de la situación. De hecho, a nuestro entender, la carta no hace más que dar razón al Comité Central en cuanto al análisis que éste hace, pero así mismo hace recaer la responsabilidad principal de los errores cometidos en el propio Comité Central y en especial en su Comisión Política:
 “Para ustedes, camaradas del Comité Central no es ningún secreto que estas fallas y errores pueden verse en la forma más clara dentro de nuestra Comisión Política. Llevamos adelante la lucha de opiniones en forma tal que los métodos leninistas de trabajo no existen, hemos llegado al punto en que la libre expresión es coartada. La fraternidad ha desaparecido. Las reuniones se realizan en un ambiente tan hostil que producen una tensión perjudicial que obstaculiza la labor directiva. Podemos agregar a esto la falta de coordinación política y organizativa entre nosotros, los miembros de la Comisión Política.” 33 
     Posteriormente, Bravo hace una exposición en la que, en síntesis, afirma que, corrigiendo los errores, la lucha armada puede continuar y concluir con el triunfo de las fuerzas revolucionarias. En ese sentido, pasa de inmediato a exponer lo que debe ser la manera de llevar a cabo la lucha revolucionaria. Para todos los “douglistas”, entonces y ahora, la causa de la derrota, constituye la posición del Partido Comunista que no respaldó con la energía que era necesaria la guerra revolucionaria, a tal punto que esa ausencia de respaldo para algunos llegaba a la traición. Eso podemos inferirlo de las revelaciones de Jesús Alberto Díaz Suárez, el “Gordo Cuchú”: 
“...; ya habían surgido las discusiones ideológicas, el planteamiento o la efectividad de que si la guerrilla tenía vigencia, (pero era que nos estaban vendiendo por cuquitas).34 El partido nos estaba vendiendo por cuquitas y nosotros éramos unos muchachos inocentes, entonces se da el fenómeno que Douglas descubre la cuestión y entiende que era necesario dividirse para continuar la guerra. Douglas empieza a crear las bases y los aparatos para no dejar a los guerrilleros en el aire”. (p. 65) 
     No creemos que las causas de la derrota estén, a más de veinticinco años de la conclusión de los hechos, perfectamente dilucidadas. Sin embargo, reiteramos, no es ese el propósito de este trabajo. Al parecer, todavía no tenemos la suficiente distancia de los hechos para poder mirarlos desapasionadamente.

29 Blanco Muñoz Agustín. La Lucha Armada. Hablan cinco Jefes, p. 253.
30 Ibid, p. 323
31 Cidoc. Venezuela: La violencia. T 5. p. 321
32 Gott, Richard. Las guerrillas de América Latina, pp. 37-38.
33 Ibid, p. 43.
34 “Nos están vendiendo por cuquitas”, expresión de uso corriente en la región del Estado Falcón que equivale a “nos están cambiando por algo de valor insignificante”.